La crisis y división de los partidos patronales y la necesidad de una campaña electoral obrera y socialista
Por Damián Quevedo
La mesa política
del Frente de Todos fue un fracaso más, ya que la convocatoria, que se hizo
para evitar una ruptura interna y para que Alberto Fernández deje de lado la
idea de competir nuevamente en las presidenciales, no alcanzó ninguno de estos
dos objetivos. ¡ Alberto continúa adelante con política reeleccionista y el FdT
sigue desmoronándose!
El interbloque del Frente de Todos del Senado se
fracturó cuando los senadores Guillermo Snopek (Jujuy), Eduardo Kueider (Entre
Ríos), Carlos “Camau” Espínola (Entre Ríos) y María Eugenia Catalfamo de San
Luis, anunciaron su alejamiento del interbloque oficialista para conformar una
nueva bancada que se denomina, paradójicamente, Unidad Federal y que incluye a
la senadora por Córdoba, Alejandra Vigo (esposa del gobernador Juan Schiaretti)[1].
Todas las fracciones
del gobierno auguran una catástrofe electoral, por eso muchos gobernadores han
adelantado los sufragios, con el objetivo de despegarse del ejecutivo. Mientras
tanto, quienes deberán competir en la elección nacional, tratan de ganar los
mejores lugares en las listas, para, por lo menos, quedar adentro del congreso y
de otras instancias legislativas.
El quiebre en el Senado es una señal de alerta
para el oficialismo, que se divide entre quienes creen que la unidad no se
romperá pese a las complejas circunstancias políticas y económicas que
enfrentan, y los que advierten que si el peronismo deja de ser competitivo en
los próximos meses - en base a proyecciones de consultoría - el Frente de Todos
puede afrontar un proceso de descomposición con final abierto[2].
Por todo esto, desde el kirchnerismo buscan un milagro, intentando convencer a Cristina Fernández para que se presente como candidata a presidenta, mediante el denominado "operativo clamor", cuya intención es alinear al peronismo detrás de la candidata con mayor caudal electoral. Pero, la crisis política es tan grande, que es muy difícil que el oficialismo se logre agrupar, y, mucho menos, que le otorgue la dirección de ese proceso a la vice.
El inicio oficial de las sesiones en el senado será una fotografía de esta dinámica de fragmentación, que también abarca a la principal fuerza de la oposición patronal, el PRO, que está metida en una violenta e inédita disputa interna. Tan grande es, que el radicalismo, luego de años de caída a pique, comenzó a levantar la cabeza, ganando algunos distritos. En este contexto, el lanzamiento al ruedo por parte de Rodríguez Larreta no sirvió para disciplinar a la tropa, sino que hizo crujir más la interna.
Nos acercamos a un proceso electoral marcado por la división y un fuerte rechazo de la mayoría del pueblo a los representantes patronales de siempre. Este proceso, que se puede leer como "anti política", en el fondo señala la existencia de un movimiento subterráneo de ruptura con el régimen democrático burgués, principalmente por parte de la clase obrera.
La izquierda
debería evaluar esta realidad, de manera de llevar adelante una campaña
electoral revolucionaria, trazando rayas con cualquier fracción de los partidos
patronales y convocando a las masas a pelear por un gobierno obrero y
socialista.

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