El régimen democrático burgués se está pudriendo y los capitalistas no encuentran la manera de reemplazarlo


Damián Quevedo y Juan Giglio

La profundidad del ajuste gubernamental es comparable con el que se impuso en los peores momentos de crisis, como en el 89 o el 2001. Si bien Alberto, Massa y Cristina optaron por el "gradualismo", el ataque a las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad, que es permanente, produce el mismo efecto que un shock al estilo del Rodrigazo de 1975. 

Es por eso y por miedo a que salte todo por los aires -generando un contagio internacional- que el FMI accedió a varios de los pedidos del superministro Massa, ya que, en otras circunstancias, el organismo habría puesto condiciones más duras. ¡La realidad es que si Argentina estalla y entra en default, sería el primero de una serie de derrumbes catastróficos de la castigada economía mundial! 

Igualmente, Alberto y compañía se esfuerzan por cumplir con el ajuste que reclaman los técnicos del FMI, muy a pesar del desgaste político que significa, no solo para el oficialismo, sino también para la fuerza más importante de la oposición patronal, Juntos por el Cambio, que no es vista como opción de recambio. 

Dos recientes estudios de opinión pública, que auscultan en el clima social y en las motivaciones de un probable voto confirman el insuficiente nivel de aceptación suscitado por la mayoría de los precandidatos ya lanzados, de los potenciales postulantes y de los principales políticos. Al mismo tiempo, revelan el alto índice de desconfianza, desapego y descalificación que esos actores provocan[1]. 

Esta crisis crónica forma parte de lo que hemos definido derrumbe generalizado del régimen democrático burgués, que es el mecanismo institucional que utiliza la burguesía para ejercer su dominio. El agotamiento de la “democracia representativa” empuja al movimiento de masas a buscar otras formas de expresión, ya que el voto -cada dos años- no cambia nada. 

Cuando la clase trabajadora y el pueblo salen a luchar buscan, mediante asambleas y otros mecanismos de participación, una forma más directa y efectiva de practicar la democracia. ¡Los socialistas impulsamos este proceso, porque queremos un gobierno revolucionario donde los dirigentes no decidan todo entre cuatro paredes, sino consultando todo a las bases, que son, en definitiva, las que deben ejercer el poder! 

Mientras tanto y debido a la crisis, los de arriba se la están viendo en “figuritas”, porque cada vez les cuesta más convencer a los de debajo de las “bondades”, no solo de su gobierno, sino del resto de las instituciones que conforman el régimen, como la justicia, el parlamento, las fuerzas represivas, etc. ¡Se les pudren y, lamentablemente para ellos, no las pueden reemplazar por otras, debido a su debilidad, situación que debe ser aprovechada por la clase obrera para ir construyendo su propio futuro mientras lucha con más fuerza que nunca! 

La única forma de cambiar todo y resolver las demandas elementales de la mayoría será echándolos a todos, a los que gobiernan y a los que se proponen para seguir con los mismos planes. Para eso será necesario un nuevo Argentinazo que imponga el gobierno democrático de la clase trabajadora y el pueblo, un gobierno, que como dijimos al principio, funcione de acuerdo a la voluntad de la mayoría y no al servicio de unos pocos parásitos capitalistas. 



[1] La Nación 27/02/2023

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