Por Damián Quevedo y Juan Giglio
En medio del intento de Alberto Fernández de lograr algo de protagonismo internacional, a través de la CELAC y con la visita de Lula a los organismos de derechos humanos, el país sigue consumido en una crisis económica inédita y terminal. En ese marco, Sergio Massa prepara en silencio otro episodio de cirugía mayor sin anestesia, con un paquete de aumentos en servicios públicos para febrero.
Febrero llega con aumentos que golpearán el bolsillo de los consumidores y le pondrán presión a la inflación estimada por el Gobierno nacional. El ministro de Economía, Sergio Massa, fijó una meta a lograr: que el índice comience con un 3% en marzo y cierre 2023 en torno al 60%[1].
Los principales incrementos en las tarifas, serán en los servicios de gas y luz, pero también tendrán su tajada las prepagas y la telefonía móvil. Esto no sorprende a nadie, porque es parte sustancial del acuerdo con el FMI, que Massa viene cumpliendo milimétricamente. Este golpe va directo al poder adquisitivo de los trabajadores, al salario, ya que son aumentos en rubros de consumo masivo y que no pueden ser evitados. ¡Nadie puede vivir en pleno siglo XXI sin electricidad, por ejemplo!
La necesidad de ajuste es tan grande, que el gobierno debe lanzar un tarifazo justo cuando comienza el año electoral en el que jugará la presidencia. Esta situación es más que demostrativa de que el populismo ya no cuenta con márgenes para llevar adelante políticas demagógicas, o, al menos, para poner algún paño frío en la economía esperando que pasen los comicios.
Los trabajadores no podemos esperar a las elecciones para responder a estos ataques a nuestro nivel de vida y derechos, tenemos que organizarnos, mediante asambleas de base, para luchar en cada empresa y gremio, pero también, y principalmente, a nivel nacional, porque al ajuste no se lo para con peleas parciales.
Para eso es necesario hacer lo que no hace la burocracia sindical peronista, que actúa como capataz del ajuste: ¡Poner en pie un centro coordinador de la resistencia, que unifique todos los conflictos parciales y prepare la huelga general activa que reclaman las actuales circunstancias, otro Argentinazo, pero mucho más duro y profundo que el que tuvo lugar en 2001!
Hace falta una
conducción política y sindical combativa que encare esa tarea, impulsando la
formación de agrupaciones de base que la tomen en sus manos. La izquierda debe
estar a la cabeza de esa iniciativa, razón por la cual la campaña electoral del
FITu debe tener como ese esa perspectiva, con candidatos que la expresen de
manera concreta, candidatos obreros, muchos de los cuales pueden ser elegidos
por sus compañeros en los lugares de trabajo. Una campaña de esas
características colaboraría con el cada vez más necesario proceso de
construcción del centro coordinador y de la nueva conducción que lo encabece.
[1] Ámbito financiero 27/01/2023

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