Por Damián Quevedo
La finalización de un año requiere de ciertos balances, que, en el caso de la política nacional, obliga a analizar los tres años de gobierno del Frente de Todos y las perspectivas para el próximo, que será un año de elecciones en medio de la crisis general y la dinámica guerrerista entre Estados Unidos y China. El gobierno de Alberto pasó de lograr cierto consenso popular, cuando impuso las políticas de encierro y las restricciones con la excusa de “defender la salud”, a una situación que definimos como de derrumbe lento, no solo del gobierno, sino del régimen político en su totalidad.
Esto fue y es una situación de crisis políticas recurrentes, que tuvo picos espectaculares, como la renuncia del ministro de economía Martín Guzmán o los festejos del mundial, y períodos de relativa calma, aunque en estos últimos nunca desapareció la crisis, sino que sus efectos han sido menos notorios. Este es el caso de la sucesión de renuncias de funcionarios de primer nivel, como ministros, secretarios de gobierno o interventores, como acaba de suceder con Victoria Donda, que estaba al frente del INADI. Esta realidad es una especie de sangrado lento, en el que Fernández perdió casi la totalidad de su gabinete original.
Sobre el filo del fin de año, el Gobierno se vio sacudido por dos renuncias resonantes… la interventora del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo… y hoy se conoció la salida del director de la Oficina Anticorrupción, Félix Crous. Los ahora ex funcionarios acompañaron al presidente Alberto Fernández desde el inicio de la gestión. Donda volvió a encolumnarse detrás de Cristina Kirchner recientemente, como parte de los realineamientos y de la tensa interna en el Frente de Todos. En un comunicado público, cuestionó el rumbo del Gobierno y atribuyó su salida a una ruptura con el jefe de Estado por “su posicionamiento político respecto de la etapa actual”[1].
Las posturas de la ex titular del INADI no expresan ninguna clase de oposición al ajuste gubernamental -para eso debería romper con el Frente de Todos- sino solo un cambio de lugar en la interna, luego de que Cristina volviera a asumir su papel de “conductora” en el acto de Avellaneda, junto a Ferraresi y otros miembros de su banda. Como sostenemos siempre, las principales jugadas que suceden en el interior de los partidos patronales, no están determinadas por cuestiones “ideológicas” o “programáticas”, sino por el alineamiento de tal o cual sector con las empresas multinacionales y los las grandes potencias de donde provienen estos capitales.
El kirchnerismo, más allá de la retórica, siempre tuvo fuertes vínculos con los capitales y bloques que giran en la órbita de EEUU. La elección de Sergio Massa como ministro de economía, más allá de los matices de forma que lo distanciaron alguna vez de Cristina, fue una jugada del núcleo duro kirchnerista y un giño claro, directo y contundente hacia la embajada de EEUU. La pelea dentro de las filas del oficialismo tiene que ver con el alineamiento con uno u otro de bloques en los que se divide el imperialismo yanqui -ya que sus monopolios compiten entre sí- pero, también, con las relaciones hacia otros poderes imperiales, como la Unión Europea, Japón, Rusia o China.
Alberto, que no es un anti imperialista,
intentó, a comienzos del 2020, cerrar acuerdos con el bloque chino, realizando
una transacción comercial con uno de sus aliados, la Rusia de Putin, con el
propósito de comprar las “vacunas” Sputnik. Este intento de poner al país bajo
la tutela del gigante asiático, tuvo su último episodio en la gira del
presidente por Asia y su reunión con Xi Jinping.
Ahora estamos ante una nueva avanzada en este relacionamiento, con el casi seguro arribo al gobierno del ex CEO de Syngenta: En vistas a un año caliente y con la mira puesta en lo que será la carrera hacia las urnas, el gobierno nacional prepara el desembarco como asesor presidencial del empresario Antonio Aracre, ex CEO de Syngenta, una importante empresa internacional vinculada al agro. Aracre ya había adelantado su decisión de dedicarse a la política cuando dejó la firma, en octubre de este año y su ingreso a Casa Rosada podría concretarse en los próximos días. De buena relación con el presidente Alberto Fernández y varios de sus principales colaboradores, la noticia del arribo de Aracre es celebrada en Balcarce 50[2].
Este gigante sueco de los agronegocios fue comprado por la compañía estatal ChemChina en el año 2017, por 43000 millones de dólares. Syngenta es el tercer grupo de agroquímicos del mundo (7% del mercado global de semillas), después de la alemana Bayer (20%), y la estadounidense Corteva (17%). Las renuncias en el gobierno y el probable arribo de Aracre a las filas del albertismo, son el resultado de la lucha interna entre personajes relacionados a tal o cual potencia. Esto significa, que Argentina no es ni será neutral cuando estalle, de manera abierta, la guerra entre los bloques capitalistas que se está gestando en el Mar de la China.
La izquierda revolucionaria tiene que convocar a las masas a enfrentar a todas los grandes capitalistas, ya que ninguno de los bloques imperialistas que disputan los mercados las beneficiará. ¡Todas estas fracciones del capital, se pelean entre sí para ver quien explota más y mejor a los trabajadores, ya que esa es la base de sus ganancias!
[1] Infobae 30/12/2022
[2]
https://www.lanacion.com.ar/politica/el-gobierno-prepara-el-desembarco-de-un-conocido-empresario-como-asesor-del-presidente-nid30122022/

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