Por Damián Quevedo
Einstein decía que los tontos hacen una y otra vez lo mismo y esperan resultados diferentes, una regla que se puede aplicar para el actual gobierno y, en particular, a Sergio Massa. En medio del mundial, que no aplacó la necesidad de dólares del Estado, el ministro lanzó una segunda tanda de "dólares soja", agregando uno más a la caterva de tipos de cambio existentes.
Con esto espera, más bien ruega, que ingresen divisas yanquis a las arcas del BCRA… "con este nuevo dólar Massa va a tener aproximadamente entre 2000 a 2500 millones de dólares más disponibles en el Banco Central. Esto es pan para hoy y hambre para mañana y genera un segundo problema que es que, para comprar esos dólares, hay que emitir pesos y reabsorberlos con tasas de interés exorbitantes. Un problema importantísimo que tiene el Gobierno y Sergio Massa en su política económica es justamente la escandalosa deuda en pesos. Los que tienen esos papeles empiezan a no querer renovarlos.
Hoy hubo una licitación, la renovación fue del 84%, no llegó al 100% y eso que hubo muchos llamados para que las compañías de seguro, los bancos, los fondos de inversión, las instituciones, los renueven. Hubo además una extraordinaria colaboración de los organismos del Estado que también tienen -sobre todo la Anses- este tipo de papeles que el Gobierno quiere renovar cada vez con más dificultad y con tasas más peligrosas"[1].
El resultado de esta medida termina siendo doblemente negativo, ya que los dólares que ingresan incrementan el endeudamiento en pesos, agigantando una deuda que tiende a transformarse en una gran burbuja, con peligrosos resultados. Quienes compran los bonos del Estado están comprando papeles de dudoso valor, razón por la cual el BCRA tiene que ofrecer tasas más tentadoras para atraer inversores, pero contando con menos plata para pagar esos empréstitos.
Una vez sorteados los vencimientos de deuda de noviembre y diciembre, el gobierno espera un milagro navideño, porque 2023 comienza con vencimientos de deuda, cuyo peligro para las finanzas del Estado no reside tanto en los montos como en el hecho de que juntan las fechas de pagos. El año próximo cuenta con siete meses en los que hay vencimientos programados de más de $1 billón”, lo que va a seguir poniendo presión sobre la tasa y alimentando la idea de alguna reprogramación en la medida que los nuevos compromisos vayan quedando para el siguiente período presidencial[2].
Esta debacle económica repercutirá en un
mayor intento de ajuste por parte del gobierno, ya que es la única herramienta
que tiene para recaudar algo de dinero para pagar los próximos vencimientos.
Los trabajadores debemos, en ese sentido, prepararnos para enfrentar los
próximos embates del gobierno y las patronales, que seguirán apostando al
impuesto inflacionario, que es el que les permite, mes por mes, rebajar el poder
adquisitivo de los salarios, y, de esa manera, conseguir una tasa mayor de
súper explotación, que es la base de sus ganancias.
Teniendo en cuenta que la burocracia sindical peronista, de conjunto, está jugando el papel de capataz del plan de ajuste, atando a las centrales sindicales a los dictados del gobierno y el FMI, los trabajadores y las trabajadores debemos pasarlos por encima, construyendo una herramienta que sirva para impulsar, organizar y coordinar las luchas de manera eficaz.
En las actuales circunstancias urge poner
en pie un centro coordinador de resistencia, que se apoye en las asambleas
democráticas en las fábricas, empresas, escuelas y barrios, donde se vote un
plan de lucha en serio y, fundamentalmente, el Plan Obrero Alternativo que se
necesitará para sacar al país de la crisis. Un plan que proponga el no pago de
la deuda externa y la nacionalización de las grandes empresas, la banca y el
comercio exterior, bajo control de sus trabajadores, para romper con la
dependencia de los grandes monopolios y el imperialismo.

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