Por Juan Giglio
Luego de la caída en desgracia del stalinismo, el capitalismo mundial -liderado por los yanquis- lanzó una ofensiva política, económica, cultural, ideológica y militar para frenar las luchas obreras que habían empujado al precipicio a la burocracia soviética. Sin embargo, este avance, que dio lugar a los gobiernos “neoliberales” -como Menem, Bush, Thachter o Fujimori- duró poco, ya que en setiembre de 2008 explotó la crisis más grande de la historia capitalista, situación que no sólo perdura, sino que se ha profundizado, empujando a la burguesía al borde del precipicio.
En setiembre de 2008 las instituciones más importantes de Wall Street se hundieron, como las Torres Gemelas. Entre otras, cayeron Lehman Brothers -con 150 años de existencia- Merril Lynch -92 años-, Bear Sterns, Fanny Mae, Freddy Mac (las dos compañías de préstamos hipotecarios más grandes de Estados Unidos), AIG (la mayor aseguradora del mundo), y Washington Mutual, la mayor caja de ahorros de Estados Unidos.
¡En un solo día, el default de Lehman Brothers fue igual a toda la deuda externa latinoamericana! Para frenar la crisis, el gobierno liberal de George W. Bush tuvo que tirar a la basura sus manuales sobre “libre mercado” y estatizar AIG, Fanny Mae, Freddy Mac y WaMu, anunciando un salvataje extraordinario e inédito, de US $ 700.000 millones.
Esta caída colosal, la mayor ocurrida en el mundo desde 1929, corroboraba que el Capitalismo entraba en su crisis definitiva, a pesar de que el “boom de posguerra” -producido entre 1945-1968- parecía haber desmentido semejante afirmación, luego de varios años de apogeo. A partir de 1974 el sistema imperialista viene sufriendo golpes muy duros, que provienen desde la periferia y se dirigen al centro, produciendo todo tipo de crisis, como el “Efecto Tequila de 1994, el default de Rusia de 1997 y el argentino de 2001 o el estallido de la burbuja tecnológica de principios de los 200, que significó la caída de dos colosos como Enron y World Com.
Con la debacle del Lehman Brothers y otras instituciones financieras, el proceso general se terminó ubicando en el centro, en las principales potencias, algo que volvió a suceder con la crisis post pandemia que estamos atravesando, que involucra a Estados Unidos y Europa, y puso al mundo al borde de una Tercera Guerra Mundial. El intento de sacar al sistema de este verdadero “infarto de miocardio”, a través del envío de billones -obtenidos de los despidos, impuestos y súper explotación de los trabajadores norteamericanos- les salió mal a los yanquis, que, debido a esto, agudizaron aún más la situación crítica, produciendo un tremendo tsunami económico mundial.
La política, que, desde nuestra corriente hemos denominado “Contrarrevolución Covid”, con la cual los dueños del mundo intentaron desmovilizar a la clase trabajadora de todo el planeta -con el “quédate en casa” global- para imponerle un ajuste inédito, también fracasó. Esto dio lugar al incremento excepcional de las tensiones entre los distintos imperios, que hoy por hoy se expresa en la guerra de Ucrania y las maniobras militares en el Mar de la China.
La debacle política y económica de los capitalistas se expresa en la crisis de los regímenes democrático burgueses, que se muestran totalmente incapaces de resolver las demandas más elementales del conjunto de la población. Por esa razón, en las últimas elecciones de varios países, en las que han perdido rotundamente los partidos tradicionales, millones directamente no fueron a votar. La quiebra de Wall Street y todo lo que aconteció a posteriori siguen actuado como lecciones mucho más pedagógicas que millones de palabras propaladas por el mejor de los revolucionarios. ¡Lo que estalló en 2008 no fue la burbuja inmobiliaria y financiera, sino el colosal engaño a las masas del mundo, a quienes pretendieron convencer de que la única salida era el capitalismo de mercado!
Por todo esto, quienes se apresuraron a enterrar al “Socialismo”, dando por muertas las enseñanzas de Carlos Marx, Lenin y Trotsky, quedan expuestos a los ojos y las consciencias de millones, como lo que realmente son, una banda de estafadores y explotadores que no puede seguir gobernando al mundo. La reacción del movimiento de masas a los Planes de Ajuste, Saqueo y Explotación de los burgueses, que pegó un salto de calidad luego de 2008, a partir del estallido de la “Primavera Árabe”, retrocedió debido a la política global del “quédate en casa”. Sin embargo, ese retroceso fue momentáneo, ya que los trabajadores y los pueblos han comenzado a retomar sus luchas, con el movimiento obrero a la cabeza.
Este nuevo ascenso obrero y popular está dando lugar a procesos muy radicalizados, como las grandes movilizaciones que explotaron en Irak e Irán o las huelgas en batallones significativos del proletariado de Inglaterra, Bélgica y Alemania. Estados Unidos está siendo testigo de esta tendencia general, con el surgimiento y extensión de un nuevo sindicalismo, mucho más combativo y democrático, construido por jóvenes precarizados, como los que se organizan en Amazon o Starbucks y Apple. La tarea de los revolucionarios consecuentes, es unirse para pelear la conducción política de estos combates, ya que la clase trabajadora continúa siendo el único sujeto capaz de cambiar, positivamente, la historia.
Confirmación del carácter crónico de la crisis económica mundial
La crisis crónica de la economía mundial, que se inició a fines de los sesenta, continúa dando saltos espectaculares, como lo advertían las Tesis de la Liga Internacional de los Trabajadores, redactadas por Nahuel Moreno en 1984: “En todos los casos la superación de la crisis se produce por aumento de la masa de plusvalía, que frena o revierte momentáneamente la inexorable caída de la tasa de ganancia.
El imperialismo yanqui logra superar sus crisis gracias a que consigue aumentar en forma impresionante la cuota de explotación de los trabajadores de todo el mundo. Ese aumento de la ganancia extraído de la explotación creciente del proletariado es el que le permite disponer de una gran masa de dinero para dar créditos -a las empresas, a la clase media, a sectores del propio proletariado, a los países, provincias y municipios- y crear así un poder de compra que ayuda por un tiempo a reactivar la economía.
El proceso de internacionalización de la economía y su centralización del imperialismo yanqui y los grandes monopolios internacionales -las “transnacionales”-, sumado a la rapidez de las comunicaciones, permite un ritmo vertiginoso de obtención de plusvalía, reparto de la ganancia y acumulación y sobre acumulación de capital. Este mismo ritmo acelera la crisis de la economía imperialista”.
“Cada aumento enorme de la masa de plusvalía recupera la tasa de ganancia y permite superar la crisis coyuntural. Pero prepara una crisis mayor: al aumentar colosalmente el capital, se produce una sobre acumulación de capital, que busca inversiones dónde obtener ganancias; y como la masa de plusvalía sigue igual y el capital ha aumentado, la cuota de ganancia baja abruptamente, originando una nueva crisis coyuntural.
La sobre acumulación de capital provoca que una gran masa de éste no se invierta en la producción y se transforme en capital ficticio, usurario, de préstamo. Este capital es inyectado en forma de créditos que terminan provocando un endeudamiento generalizado, tanto en los países adelantados como en los atrasados y ahora en algunos estados obreros... Si esto se generaliza, el endeudamiento, que en sí mismo no es más que un epi fenómeno de la crisis económica, puede convertirse en un factor adicional de crisis y en su expresión más espectacular”.
“La razón última que indica la superación de la crisis está dada por la lucha entre los explotados y los explotadores a nivel mundial. Sólo logrando un aumento permanente, prácticamente limitado de la explotación podrá el imperialismo superar la próxima o próximas crisis coyunturales y la crisis crónica, ya que el aumento del capital es incesante y vertiginoso. Y ello depende del grado de resistencia de los trabajadores de todo el mundo a los planes de súper explotación del imperialismo y las burguesías nativas. Cuanto más resistan, tanto más esta crisis se hará cada vez más aguda y sin salida”.

Comentarios
Publicar un comentario