Por Juan Giglio
En su “cadena” nacional, a través de las redes, Cristina salió con los “tapones de punta” a cuestionar la condena que pretenden imponerles los fiscales Mola y Luciani, acusándolos de agentes del macrismo y de pertenecer al “Partido Judicial”, que, supuestamente, estaría tratando de acabar con el Peronismo.
Sin embargo, los mensajes que leyó, de Julio López -funcionario de su gobierno- la terminaron de hundir, porque demostraron, como nunca, la existencia de relaciones o entrelazamiento entre la banda kirchnerista y la que
responde a Cambiemos. ¡Todos unidos por los negocios en torno al Estado, todos,
en definitiva, tan corruptos como ella!
Jorge Altamira explica esto en la web de su partido, Política Obrera: La vicepresidenta de la Nación hizo un uso excelente de los celulares de José López, que fueran auditados por los fiscales Luciani y Mola. Le sirvieron para demostrar el ocultamiento que hicieron esos fiscales de la asociación delictiva de José López, un funcionario de su propio gobierno, con ‘Nicki’ Caputo, el ‘hermano del alma’ del ex presidente Mauricio Macri.
Involucró, asimismo, a este último en la estafa de la licitación del soterramiento del ferrocarril Sarmiento, que habían ganado Odebrecht y el macrista Calcaterra, al modificar el contrato que comprometía un financiamiento externo de la obra, por otro a cargo de los recursos fiscales. No señaló, sin embargo, el involucramiento de su ministro ‘de vida’ Julio de Vido en esta licitación, ganada por un conglomerado brasileño de la construcción que ya contaba con una denuncia por estafa del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
La "corrupción” es inherente al Capitalismo, que se nutre de este accionar mafioso para concretar
el necesario proceso de “acumulación” que requiere para continuar funcionando. ¡Cristina no es capaz, por más discursos que haga, de ocultarla, ya que es tan corrupta como cualquiera de sus subordinados, o como Macri, el jefe de la otra banda!
En esta pelea por “el queso”, los socialistas no tomamos partido por ninguna de las partes, porque no están
en juego las libertades democráticas que se conquistaron derrotando a la dictadura. Cuando los de
arriba se pelean entre sí, convocamos a las masas a ganar las calles por el salario, contra la
desocupación, por los derechos elementales y para que vayan todos
presos, los de uno y los del otro lado de la “grieta”.
En ese marco, denunciamos implacablemente al PJ y sus aliados de turno, por tratar de utilizar esta situación con el propósito de ocultar lo más importante, que es el plan de ajuste que
implementa uno de los delegados de Cristina, Sergio Massa, que
actúa como representante directo de ella, el FMI y la embajada yanqui.
Mientras venden “humo”, el súper ministro impone, como segundo a cargo de su cartera, a Rubinstein, que de “nacional y popular” no tiene nada. Por eso, inmediatamente después de su asunción, Massa decretó la rebaja del presupuesto en Educación y
Salud, un “gesto” claro y contundente dirigido a los “mercados”, que no son
otra cosa que los grandes monopolios imperialistas, los verdaderos dueños del
país.
La izquierda, en vez de involucrarse en esta pelea de
palacio, como sucede con algunos grupos que se reclaman socialistas -que
tomaron partido a favor de CFK- debe denunciar las maniobras
gubernamentales, trazar rayas con todas las bandas en pugna y promover la
unidad de las luchas en la perspectiva de concretar otro Argentinazo o Huelga General, para acabar con el ajuste y todos los ajustadores.
Para eso debe impulsar la realización de asambleas en
los lugares de trabajo y en los barrios, donde se vote el plan
de lucha y la puesta en marcha de un Centro Coordinador, o Asamblea
Nacional de Trabajadores y Trabajadoras, que sirva para organizar lo que niegan y boicotean los burócratas traidores, la pelea de fondo contra el gobierno y sus
políticas de hambre.

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