Por Damián Quevedo
La comedia montada con el procesamiento de la vicepresidenta, forzó a todas las fracciones del peronismo a alinearse en la defensa de su jefa. Desde el presidente formal del país, Alberto Fernández, hasta la burocracia sindical, pasando por todo el arco del progresismo vernáculo, se sumaron a la batalla por la recuperación de la épica del relato.
Sin embargo, este disciplinamiento peronista, está sosteniendo por hilos muy finos, ya que el actual relato no se apoya en las situaciones anteriores, cuando existía un “viento de cola”, que le permitía a los líderes del PJ otorgar ciertas concesiones. Ya no existen esas bases materiales, por lo tanto todo este circo durará muy poco.
Los “nacionales y populares” solo pueden vender humo, porque, hoy por hoy, no cuentan con la abundante caja que les permitió, durante el “primer kirchnerismo”, domesticar al PJ. Esta situación hace que las lealtades, tan mentadas dentro del peronismo, sean volátiles, mucho más en momentos en que todos los caudillos provinciales están pensando en el 2023.
En un comunicado reciente estos mandatarios, agrupados en la liga de gobernadores, plantearon que pretenden garantizar la continuidad de los programas de obras públicas y viviendas con el objeto de dinamizar la actividad económica y facilitar el acceso de los derechos sociales de sus comunidades locales. Si bien no lo explicitan, el temor de los mandatarios es que la tijera de Massa vaya más allá de los subsidios energéticos.
Según informes de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), las transferencias a las provincias –por fuera de la coparticipación federal- habían crecido 13,1% en términos reales (descontando la inflación) en el primer semestre. Con Batakis bajó al 12%, con 311.966 millones de pesos en los primeros siete meses del año. Y ahora hay temor de que la guadaña para la reducción del déficit fiscal nacional pase por allí[1].
La crisis económica corre cabeza a cabeza con la crisis política. En estas condiciones, el relato de la persecución a Cristina o del "ataque a la democracia”, apenas convence a la tropa propia, que está más preocupada en mantener las prebendas y los negocios con el Estado. ¡Mientras tanto, se profundiza y extiende el rechazo hacia Cristina y los suyos, de parte de la gran mayoría de la clase obrera que sufre el ajuste!
Esta unidad del peronismo, presentada por los medios progresistas y entendida por muchos izquierdistas, como una jugada maestra de Cristina Fernández, será tan efímera como las lealtades de Sergio Massa, ya que la crisis económica va a empujar hacia nuevos reacomodamientos en todos los partidos patronales y en la propia burocracia sindical.
Este nuevo episodio de crisis en las alturas, demuestra que el régimen está profundamente debilitado, lo que significa que se está presentando otra oportunidad para que la clase obrera intervenga de forma independiente. Lamentablemente, una parte importante de la izquierda, que no comprende esto, ha salido a defender a Cristina, de manera directa o indirecta.
Este es el momento de trazar rayas con todas las fracciones patronales, presentándose a la clase obrera como la fuerza que pretende echarlos a todos y cambiar en serio al país, imponiendo, con la movilización, medidas de fondo. Para eso, como dijimos en otros artículos, hay que agitar la necesidad del Argentinazo y del gobierno obrero y Socialista.

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