9 años atrás, Cristina entregaba buena parte del patrimonio nacional a Chevron

Luchadores de izquierda, mapuches y de otros sectores, estuvimos más de cuatro horas enfrentando a la policía neuquina, que custodiaba a los legisladores, cuando estos votaron el acuerdo con Chevron

 Por Claudio Colombo 

El 28 de agosto de 2013 la legislatura neuquina aprobaba el Pacto firmado entre YPF y la multinacional Chevron, promovido por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el entonces gobernador Sapag. Esto significó una fenomenal entrega de los recursos a esta empresa imperialista, que sin resolver el déficit energético ni dejar un peso en el país, contamina la región, ocupa territorio ancestral mapuche y se embolsa una fortuna que va a parar a las arcas de sus oficinas en New York.

Este acuerdo, impulsado por el supuesto gobierno “nacional y popular” kirchnerista, es similar a los que durante las gestiones de Néstor y Cristina se firmaron con otros monopolios, que con muy poca inversión y sin generar muchos puestos de trabajo, se instalaron para llenarse los bolsillos, depredando buena parte del territorio nacional. Estas empresas están relacionadas a la mega minería, el cultivo intensivo de la soja, la pesca y otros rubros extractivistas.

Esto sucedió - y continúa sucediendo - porque para enfrentar la crisis terminal del sistema capitalista mundial, los imperialistas, con la complicidad de los gobiernos cipayos, aplican una política parecida a la de los viejos colonizadores. Los nuevos piratas llevan adelante un monumental saqueo de las riquezas naturales, que va de la mano de la destrucción de las conquistas sociales, las industrias y la relativa soberanía que tenía la mayoría de los países.

Para esto, los jefes del imperio cuentan con gobiernos dóciles, que actúan como modernos virreyes de la “recolonización”. El gobierno de Massa, Alberto y Cristina, como todos sus pares “progresistas” de Latino América, fueron o son herederos de la recolonización iniciada por los Menem, Fuyimori, Cardoso y otros políticos “neoliberales”. ¡La diferencia entre estos no es de contenido, sino de forma, ya que unos utilizan el relato “neoliberal” y los otros, el verso “populista”!

Los trabajadores deben romper con todos ellos, con una política independiente de todas las fracciones capitalistas, que no tienen nada que ofrecer, salvo miseria, hambre, explotación y entrega del patrimonio nacional. Para eso hay que echar a todos, con un nuevo Argentinazo, e imponer la única salida capaz de resolver la actual crisis, a través de un gobierno de los trabajadores y el pueblo, asentado en órganos de discusión y decisión democráticos.

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