Crónica de una debacle anunciada... que continua


Por Damián Quevedo

La crisis política abierta con la renuncia de Martín Guzmán, hace muy poco, apenas más de treinta días, no solo no se cerró, sino que cada nuevo episodio es aún más grave que el anterior. Por un lado, la ausencia absoluta del presidente en la escena pública, que acrecienta la imagen de debilidad y la idea de un verdadero vacío de poder.  

Por otra parte, la puja interna que acorraló a Alberto Fernández, cuyo resultado fue la expulsión del gobierno de todos los funcionarios que le respondían, por parte de la otra banda, la que lidera su “jefa”, Cristina Fernández de Kirchner.  

Silvina Batakis y Daniel Scioli en el poder no son una excepción en el derrotero accidentado de Alberto Fernández en la Casa Rosada. Tal vez sean la regla. Pero sí tienen la particularidad de ser dos incondicionales que duraron apenas semanas al frente de sus cargos, tras asumir en momentos de crisis y debilidad política.  

Una fugacidad que se vio enmarcada en una lucha de poder con Cristina Kirchner, quien sigue avanzando posiciones. Y que ocurre, además, en la excentricidad de anunciar un cambio integral y profundo del Gabinete sin conferencia de prensa, cadena nacional, sino por mail y mensajes de WhatsApp. Inédito.[1]  

Las crisis adoptan, en determinadas condiciones y bajo ciertas presiones, sus propias lógicas, que exceden la voluntad de quienes intervienen, e incluso, de aquellos o aquellas que las provocan. Por eso, y por más que no lo quiera Cristina, su avanzada política empuja, en medio de la catástrofe económica actual, a la destitución lisa y llana de Alberto Fernández.  

Sin embargo, ese no es el objetivo de la vicepresidenta, que quiere dirigir y resolver su situación judicial, sin asumir los costos políticos que significa asumir la presidencia. Incluso el más ambicioso de los políticos patronales no querría sentarse en el sillón de la Rosada, ya que no sabría cómo actuar.   

Queda claro entonces, que la dinámica abierta por la situación económica y política, hace insostenible la continuidad del gobierno actual. Eso implica que existen dos posibilidades, o caminos, para precipitar su caída.  

Por un lado, la continuidad de la crisis y los cambios permanentes en el gobierno, obligando al ejecutivo a implementar un ajuste mayor -tal cual lo exigen los grandes capitalistas- haciendo Alberto renuncie, para no quedar en la historia como el responsable de semejante ataque a los derechos elementales de las mayorías.  

Por el, otro, la situación que más temen los de arriba: el inicio de una rebelión obrera y popular que desemboque en otro Argentinazo, que imponga, en los hechos, salidas muy distintas a las que pretenden los dueños del país. Desde la izquierda revolucionaria debemos promover esta opción, agitando la necesidad de construir una huelga general que dé lugar al gobierno capaz de cambiarlo todo, en beneficio de las mayorías, el de los trabajadores y el pueblo.



[1] Infobae 28/07/2022

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