Colombia, nada cambiará con Petro, que no quiere liquidar al capitalismo


Por Damián Quevedo

El triunfo de Petro en las presidenciales de Colombia despertó cierta expectativa dentro del mundillo progresista latinoamericano, no solo a raíz de este resultado, sino también por el de las elecciones que tuvieron lugar en otros países de la región, como Chile y Perú. 

La llegada a la presidencia de este ex guerrillero -con un discurso ambiguamente progresista- es el producto desfigurado de la protesta social de 2019. Petro no pretende llevar adelante una verdadera revolución, por lo tanto, el margen de maniobra que tendrá, de aquí en más, en un país semicolonial con un aparato productivo insignificante, es realmente pequeño, por no decir inexistente.  

Su triunfo es el resultado de un movimiento de masas que no logró crear organismos propios de poder que estuvieran en condiciones de constituirse como un poder alternativo en Colombia, de manera de suplantar al régimen actual por otro, de carácter revolucionario, verdaderamente socialista. 

Sin embargo, y a pesar de estos límites, ese impulso -obrero y popular- continuará tiñendo el período que se inicia, volviéndose en contra de Petro, tan rápido como ha sucedido en Perú y Chile, donde sus gobiernos “progresistas” están siendo cuestionados por las masas que los votaron. 

Ahora comenzará la necesaria experiencia que los trabajadores y el pueblo colombiano deberán hacer, para, a partir de allí, sacar conclusiones políticas y avanzar hacia posiciones más combativas o radicalizadas. El papel de la izquierda revolucionaria no es otro que el de ayudar a que este proceso se realice lo más rápido posible.

 Gobiernos como el de Petro ya pasaron por esta parte del mundo, sin haber cambiado nada de la estructura económica de nuestros países, más bien todo lo contrario. Otro ex guerrillero, Pepe Mujica, fue presidente, del Uruguay, liderando un gobierno que se caracterizó por el ajuste y la entrega de amplios territorios a la voracidad de los monopolios.   

No hubo fraude en las elecciones y probablemente no habrá asonadas militares ni intentos de golpe de Estado en Colombia, porque los grandes capitalistas colombianos e imperialistas saben que Petro no es una amenaza, sino su mejor opción para frenar la protesta social. Así actuaron y continuarán actuando quienes, siguiendo el camino de Perón y de Getulio Vargas, llegaron al gobierno para desviar la creciente radicalización del movimiento obrero.

No será un presidente burgués o reformista, quien pueda cambiar radicalmente la situación de los trabajadores y el pueblo colombiano, sino la clase obrera con sus organizaciones democráticas e independientes a la cabeza, el único sector social que le pondrá fin a la explotación y las penurias del conjunto, cuando los trabajadores y el pueblo se decidan a tomar ese camino.

 El fundamento científico del socialismo reside, como se sabe, en los tres resultados principales del desarrollo capitalista. Primero, la anarquía creciente de la economía capitalista, que conduce inevitablemente a su ruina. Segundo, la socialización progresiva del proceso de producción, que crea los gérmenes del futuro orden social. Y tercero, la creciente organización y conciencia de la clase proletaria, que constituye el factor activo en la revolución que se avecina[1]. 

Friederich Engels decía que cuando la sociedad avanza, los economistas abandonan la ciencia para convertirse en meros propagandistas del capitalismo, porque el desarrollo de las condiciones sociales que permiten la existencia del capital muestra con claridad la esencia misma del sistema. La historia demostró que es imposible reformar el capitalismo. 

Los y las socialistas no tenemos ninguna expectativa en el gobierno que asumirá en estos días en Colombia, aunque sí tenemos confianza en los trabajadores de ese país. Creemos que, más pronto de lo que muchos piensan, dejarán atrás cualquier expectativa en el nuevo gobierno y saldrán a luchar para cambiar definitivamente la sociedad. 



[1] Rosa Luxemburgo; Reforma o revolución.

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