Alberto, el imperialismo chino y los sueños peronistas


Por Damián Quevedo

En la reciente cumbre de los BRICs, sigla que refiere a la alianza económica liderada por Rusia, China, India y Sudáfrica, el presidente Alberto Fernández solicitó formalmente el ingreso de Argentina a ese espacio, ya que hasta ahora no participaba como miembro pleno. Este pedido ya obtuvo el apoyo de varios países, pero principalmente del Zar ruso, Vladimir Putin, que, en el marco de la guerra comercial con Estados Unidos y Europa, trata de llevar agua para su molino imperial.

Argentina será incorporada en el transcurso del 2023, en medio de una disputa electoral muy antagonizada en la que incluso estará en juego el modelo de integración mundial al que adscribirá. A diferencia de lo que implican los BRICS, la diplomacia del macrismo se vanaglorió por su sumisión a Washington, gracias a la cual pudo endeudar a varias generaciones de argentinos.

En el Frente de Todos esta política constituye un punto de acuerdo. No hay, o al menos no hubo hasta ahora, voces que plantearan otra vía de integración al mundo. Es un punto de acuerdo importante, quizás subestimado en el marco del debate alrededor de las diferencias[1].

A pesar de las peleas con el kirchnerismo, que más que sobre la economía gravitan alrededor de las próximas elecciones, tanto Cristina como Alberto Fernández tienen pleno acuerdo en sumarse a este emprendimiento, detrás del cual está el pujante imperialismo chino, con el que cual, desde hace más de una década, el Estado argentino viene haciendo grandes negocios como proveedor de materias primas, principalmente soja.

Es llamativo este gesto de Alberto a poco de haberse reunido con Joe Biden. La causa de semejante giro debe tener como base la añoranza de los años de arrastre de nuestra economía por parte de la “locomotora China”, que permitió al capitalismo vernáculo un ciclo de expansión post crisis del 2001. ¿O acaso este cambio responde al sueño peronista de volver a aprovechar la crisis del imperialismo, como en los años dorados de Juan Domingo Perón, cuando Inglaterra declinaba su hegemonía y EEUU aún no se había adueñado de nuestro país?

Sin embargo, existen diferencias sustanciales entre este contexto y el de los años 40 del siglo pasado, ya que la crisis actual es cualitativamente más profunda que la que llevó a las dos grandes guerras. La contra revolución Covid y la guerra de Ucrania no han sido capaces, como sí sucedió en esos tiempos, de destruir la masa de fuerzas productivas que el capitalismo requiere para impulsar un nuevo ciclo de expansión.

Además, entre los actuales bloques imperialistas beligerantes, en esta guerra mixta -de carácter comercial y militar- no hay, como durante la Segunda Guerra, una potencia o bloque capaz de ocupar el lugar que están perdiendo los Estados Unidos. Eso, en definitiva, lejos de aquietar las aguas o permitir un avance de la economía global, desequilibra y pone en cuestión todo, absolutamente todo, de ahí la crisis fenomenal de los viejos regímenes democrático burgueses, un proceso que afecta a todo el Capitalismo. 

Esta debacle institucional, Argentina se presenta con mayor claridad, porque, en los hechos le impide al gobierno aprovechar la coyuntura favorable que creó la guerra, que está beneficiando directamente a algunas fracciones de los capitalistas locales, como las que producen granos. Otro aspecto importante tiene que ver con la ausencia de una base social que sostenga al gobierno, como ocurrió con Perón, que durante su apogeo contó con millones de trabajadores dispuestos a defenderlo. 

El gobierno de Alberto, hoy solo tiene el apoyo de la CETEP, una sociedad decadente de burócratas y arribistas, cuya base social, los sectores más pauperizados y marginales en la economía, que no mueven el amperímetro político, no representan un apoyo significativo, ni para este ni para ningún otro gobierno.

En definitiva, el gesto de pedido de ingreso a los BRICS, no tendrá repercusiones concretas para la escuálida economía nacional. Cabe recordar, que los años en los años del famoso "viento de cola" asiático, Argentina no formaba parte de bloque liderado por China. Para colmo de males, este viraje tiene lugar cuando, justo después de que, tanto Alberto como Cristina, vienen de pactar con el FMI, que tiene a los EE.UU. como su voz cantante.

Entonces, a la hora de prorrogar vencimientos o habilitar nuevos préstamos, de manera de permitirles a los capitalistas de este país se vuelquen a los BRICS, todos estos necesitará, sí o sí, el aval de los yanquis, una perspectiva más que difícil, debido, justamente, a la guerra comercial en cursos. En este contexto, jugar todas las cartas al servicio del pacto chino-ruso, significaría tomar partido dentro la guerra -por Putin- generándoles más complicaciones que beneficios a los burgueses de este lado del planeta.

El gesto hacia Rusia y China, es solamente eso, una mueca dirigida hacia la tribuna, cada vez más pequeña. La única arma que le queda al populismo decadente es este tipo de "relatos", incapaces de cambiar la situación económica, situación que creará las condiciones para que exploten nuevos combates obreros y populares, que la izquierda debe jugarse a liderar, agitando el programa del Socialismo.  


[1] https://www.pagina12.com.ar/432028-china-se-avecina-alberto-fernandez-y-cristina-apuestan-a-los

Nuestras elaboraciones, desde la Corriente Comunista Revolucionaria Internacional, sobre el imperialismo chino y la rivalidad entre potencias.

https://www.thecommunists.net/theory/china-imperialist-power-or-not-yet/#anker_12

https://www.thecommunists.net/home/espa%C3%B1ol/libro-anti-imperialismo-en-la-era-de-la-rivalidad-de-las-grandes-potencias/ 

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