Por Damián Quevedo
Cuando se conformó el Frente de Todos, con Alberto
Fernández encabezando la lista, Cristina quedó “segunda” no solo por el escollo
legal de tener que presentarse por tercera vez para la presidencia, sino porque
el cargo de vice le posibilitaba huir, de manera más o menos decorosa, en caso
de una crisis política o rebelión popular que se lleve puesto al gobierno.
El kirchnerismo, en cierta medida, visualizó esta
crisis, ya que en 2019 se advertía que la situación económica no era, para
nada, igual que la que dio lugar al “viento de cola” que tuvieron, gracias a
los “precios chinos”, los gobiernos de Néstor y Cristina hasta el año 2008,
cuando explotó la “crisis del campo”.
Ese recurso, el que ubicarse detrás de la figura
presidencial, lo utilizó el vice de Fernando De La Rúa, Carlos “Chacho” Álvarez,
que renunció poco tiempo antes de las jornadas que dieron lugar al Argentinazo.
Por eso, es más que posible que la retirada de Roberto Feletti, hombre
cercanísimo a CFK, sea el anuncio de una serie de renuncias, que podría incluir
a la mismísima vicepresidente.
El ministro de Economía intentó disciplinar al
kirchnerismo, pasando la cartera de Comercio Interior al ministerio que dirige.
Cuando lo hizo todo parecía indicar que lo había conseguido sin grandes
problemas, pero, antes de asumir en el nuevo cargo que le hubiera correspondido
en el marco de esa reestructuración, Feletti presentó su renuncia.
La semana pasada, el gobierno había
anunciado una modificación en el organigrama del gabinete. La secretaría de
Comercio Interior pasó a depender del ministerio de Economía y dejó de estar
bajo la competencia del ministerio de Desarrollo Productivo. Esa decisión fue
expresamente mencionada en la renuncia[1].
Si bien
fueron muchos los gestos y actos del kirchnerismo, en cuanto a desautorizar a
Guzmán, esta renuncia, en medio de la escalada inflacionaria y de las
exigencias del FMI, es un golpe durísimo para el ejecutivo, que profundiza su
crisis política.
El kirchnerismo está tratando de debilitar aún más al
gobierno, que no puede implementar ninguna medida económica seria, más que
cambiar las imágenes en los billetes. Para realizar algún cambio, más o menos
profundo, necesitaría contar con una base social que le permitiera imponerse,
fundamentalmente sobre la clase obrera, que, aunque no está librando grandes
combates, no está dispuesta a dejarse aplastar por el tren del ajuste.
Por esa misma razón, no poder garantizar el ajuste que
necesitan los de arriba, Alberto tampoco cuenta con el apoyo de alguna fracción
capitalista más o menos importante. Si bien lo continúan sosteniendo algunos
sectores de la burocracia sindical y los piqueteros de la UTEP, los primeros
están perdiendo el control que tenían sobre la clase obrera, mientras que los
segundos, son marginales en la política nacional.
En este marco, la intención del kirchnerismo es
despegarse de la debacle gubernamental. Sin embargo, las jugadas tardías que
realiza y el cansancio de gran parte de la sociedad (como lo muestran las
encuestas) no le permite zafar del barco que se hunde, que es el régimen
político con todas sus instituciones.
La aceleración de la crisis de los de arriba es, desde
todo punto de vista, una buena noticia para los trabajadores y el pueblo, ya
que cuanto más débiles y divididos están los representantes patronales, mejores
condiciones tenemos para derrotarlos. Para ir a fondo en los próximos combates
obreros hace falta una nueva conducción revolucionaria, que tenga claro esta
perspectiva.
[1] https://www.infobae.com/economia

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