Recesión, crisis institucional y guerra, caldo de cultivo de la revolución,


Por Damián Quevedo

La invasión de Ucrania cambió el escenario político del mundo, acelerando una crisis que ya existía, debido a la recesión, que comenzó en 2019 y aún sigue en pie. El proceso contrarrevolucionario impulsado por las elites de las grandes potencias, mediante la política de desmovilización con la línea del “quédate en casa”, ayudó a que ciertas ramas de la producción levantaran cabeza. 

Sin embargo, todo esto, que les sirvió a los capitalistas más poderosos para destruir conquistas obreras, rebajar el poder adquisitivo de millones y eliminar competidores, no alcanzó debido a la continuidad del proceso recesivo y a la guerra, que agudizó todo. De ahí la crisis energética, la inflación récord y, pronto, la humanidad tendrá que enfrentarse con una inédita escasez alimentaria. 

El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey pidió disculpas a los parlamentarios británicos y anunció “apocalípticos aumentos de precios de los alimentos a nivel mundial”, que van a generar “una hambruna global”[1]. 

Esta crisis golpea centralmente a Occidente, ya que su principal potencia, Estados Unidos, atraviesa uno de las peores dinámicas inflacionarias, mientras que su gobierno, el del decrépito Joe Biden, está en el nivel más bajo de aceptación desde que asumió. Por todo eso, lo más probable es que los republicanos arrasen en las próximas elecciones de término medio.

Los informes de ganancias de algunos de los minoristas más grandes de Estados Unidos en los últimos días se sumaron a la preocupación de que la tasa de inflación más alta en 40 años pueda llevar a la economía hacia una recesión. Es decir, a causa de la mayor inflación, la Fed debe aplicar política monetaria contractiva, subiendo la tasa y quitando estímulos. Esto podría provocar un freno a la economía y eventualmente llevar a la misma a una recesión[2]. 

En este marco se inició el llamado "crypto invierno", luego de la caída del Bitcoin y la mayoría de las criptomonedas. Esto y la prolongación de la guerra en Ucrania no benefician a ninguna de las grandes potencias imperialistas, ni siquiera a Rusia, que hasta ahora parece ser el país menos afectado por la crisis. Este país ya está comenzando a mostrar los síntomas del desgaste que genera una guerra con resultados, en el plano militar y político, cada día peores. 

Ante tamaña crisis la clase obrera viene movilizándose, a un ritmo mucho más lento que los acontecimientos económicos y políticos parecen exigir, aunque ese nivel de movilización no es igual en todo el mundo. Sri Lanka atraviesa una situación claramente revolucionaria, pero en Europa o América aún se siente el peso de lo que hemos denominado “Contrarrevolución Covid”, que aunque derrotada en sus principales aspectos, produjo retrocesos innegables en cuanto al nivel de movilización del movimiento de masas. 

La crisis política de los regímenes y de la economía de todo el Sistema Capitalista, empuja -irremediablemente- hacia nuevas situaciones y crisis revolucionarias. Los y las socialistas debemos prepararnos para intervenir en estas con mucha audacia, postulándonos como líderes de las próximas rebeliones, asumiendo que existen condiciones óptimas para que triunfen, dando lugar a gobiernos obreros y populares.   



[1] Clarín 17/05/2022

[2] El Cronista comercial 19/05/2022

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