Portación de armas: PO defiende que el Estado tenga patrimonio de su uso


Imagen: Las Panteras Negras, que se reclamaban como una organización revolucionaria y socialista, se armaron hasta los dientes, amparándose en la Segunda Enmienda que permite la libre portación. La izquierda no puede exigir el desarme de la clase trabajadora y el pueblo, más bien tiene que incentivarlo. 

Por Damián Quevedo

Hace unos días, una nueva masacre en Estados Unidos, perpetrada en una escuela primaria, reavivó el debate sobre la circulación de armas entre la población. En ese país esta cuestión divide aguas entre el progresismo y los republicanos, íntimamente ligados a la emblemática Asociación del Rifle.  

La constitución yanqui, redactada luego de la guerra civil, garantiza la libre portación de armas para cualquiera que esté en condiciones de comprarlas. Esta ley ha sido y continúa siendo cuestionada cada vez que suceden tiroteos que derivan en matanzas colectivas, que allí son más que frecuentes.

Los demócratas atribuyen este tipo de incidentes a la facilidad con la que cualquier ciudadano puede acceder a un arma de fuego, derecho facilitado por la “Segunda Enmienda”. Esta normativa expresa el carácter de la revolución burguesa estadounidense, que impuso el máximo nivel de libertad que puede otorgar una democracia capitalista, a través de toda una parte del pueblo armada, como se ve en las películas de Cowboys.  

Esto sucedió en el marco de la construcción y desarrollo del Estado imperialista, que como en cualquier otra sociedad divida en clases, debe garantizar que el monopolio de la fuerza lo tenga, justamente, este, mediante la policía, las fuerzas armadas y poderosos organismos de inteligencia, nacional e internacional, como la CIA y el FBI.  

Sin embargo, no es esta contradicción la que genera estas situaciones de violencia en Estados Unidos. Esta es el resultado de una sociedad descompuesta y educada por una agresiva potencia imperialista, que desde el siglo XIX no ha cesado de llevar adelante guerras de conquista y rapiña. Estas contiendas, sumadas a los ataques “en las sombras”, que suelen realizar las fuerzas especiales yanquis, dejan secuelas, debido a la muerte o mutilación de miles y miles de soldados, quienes, mayoritariamente, provienen de la clase trabajadora y el pueblo más pobre.  

Esta realidad, combinada con la propaganda sistemática de los medios imperialistas, que continúan vendiendo el "sueño americano" y otras mentiras, es un combo explosivo y alienante, que crea multitudes de enajenados, como muchos de los que aparecen en las series y películas producidas y dirigidas por artistas de ese país.  

La violencia en Estados Unidos, o en cualquier otro lugar, es un producto directo de la existencia de clases sociales, de la explotación capitalista, más allá de la facilidad o dificultad para obtener un arma. En México, Brasil o Colombia la Constitución no permite la libre portación, aunque los niveles de violencia son atroces, algo parecido a lo que ha comenzado a suceder en Argentina, particularmente en Rosario y otras capitales.  

La masacre en la escuela de Texas conmocionó al mundo y obligó a todos los partidos políticos a expresarse. Eso hizo Javier Miles, que no desaprovecha ocasión para posicionarse en función de las próximas elecciones. El “libertario” dijo, en ese sentido, que estaba a favor de la política yanqui de libre portación de armas.  

Inmediatamente, el legislador capitalino Gabriel Solano, máximo referente del Partido Obrero, salió a enfrentarlo: Gabriel Solano, cruzó a Javier Milei por defender la libre portación de armas, denunciando que es ante todo un intento de crear un clima fascistizante entre la población. En línea con los Bolsonaro y los Trump, el diputado de La Libertad Avanza busca avanzar con esta medida en nombre de “combatir la inseguridad”, pero buscando enfrentar a pobres contra pobres. En tanto, esconde junto a todos los gobiernos del régimen que la delincuencia viene organizada desde el propio Estado[1] 

Compartimos la posición de Solano, de que la violencia la genera el Estado capitalista. Sin embargo, partiendo de esta premisa, disentimos en cuanto a la cuestión del acceso a las armas. Los marxistas no podemos estar en desacuerdo con que los trabajadores y el pueblo pobre puedan acceder a las armas libremente. Es que, la posición contraria, en el fondo acepta que el monopolio de su uso, o sea de la fuerza, lo siga teniendo el Estado capitalista, es decir de la clase social que representa.  

Nosotros compartimos la definición de Lenin, cuando afirmaba que la garantía de la democracia es un fusil en el hombro de cada obrero, porque estamos convencidos de que así será en el socialismo. Esa perspectiva debemos promover, quienes tomamos el camino de la revolución, de lo contrario seguimos colaborando con la propaganda oficial, que siempre trata de que las masas confíen en las instituciones burguesas.



[1] Prensa Obrera, 27/05/2022

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Comentarios

  1. Típico bamboleo de CS, trasladar dichos de Lenin a la realidad actual de Argentina como si la clase trabajadora en su conjunto sea algo homogéneo que comparte una ideología claramente definida de carácter revolucionario, sin contemplar los desocupados, los indigentes, etc., Fomentar una lucha entre explotados, sabiendo que los que más padecen la inseguridad somos nosotros... No hay otros problemas más urgentes que resolver antes que "armar al pueblo trabajador"?, No hay una tarea histórica de ganar antes la conciencia y subjetividad de los explotados? Dar un guiño reaccionario a Milei la posiciona a CS a su derecha!

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