Por Damián Quevedo
La protesta de un sector de capitalistas
del campo despertó en el gobierno el fantasma de la 125, ya que la principal
fuerza opositora, Cambiemos, aprovechó la movida de esta gente, que no está
encuadrado en la Mesa de Enlace -que motorizó, en 2008, la lucha contra las
retenciones- y que ahora tomó distancia de la protesta.
Desde el gobierno agitaron la idea de que
este había sido el “Piquete de la Abundancia”, igual que algunos sectores de
izquierda, tratando de difundir la idea de que los grandes capitalistas -que se
niegan a pagar impuestos- salieron a enfrentar, por “derecha”, las tibias
medidas “anti oligárquicas” del gobierno.
Es innegable que quienes se movilizaron no
han sido ni pequeños productores ni, mucho menos, peones rurales, como sucedió
cuando explotó la “pelea del campo” de 2008. Los de ahora son sectores son
capitalistas medios e importantes, aunque no son los grupos más concentrados,
es decir, las grandes multinacionales que centralizan la producción, acopio y
transporte naviero del producto de lo cosechado.
De acuerdo con datos publicados por el Ministerio
de Agricultura de la Nación, el ranking de exportaciones de aceite de soja para
la campaña 2020/ 2021 quedó conformado con estos volúmenes: Oleaginosa Moreno
con declaraciones por 680 mil toneladas, Cargill con 470 mil tn., Molnos Agro
SA con 460 mil tn., AGD con 380 mil tn y COFCO con 340 mil tn. Un total de más
de 2,3 millones de toneladas que si tomamos como precio de referencia para el
2021 el de US$ 1.500 la tonelada, obtenemos una facturación anual que supera
los US$ 3.400 millones de dólares; un monto
superior al que Gobierno debe pagar al FMI antes de que termine marzo[1].
Los grupos que marcharon a Plaza de Mayo,
más allá de que pertenecen a la burguesía, no forman parte de sus fracciones más
poderosas. Son empresarios, dueños de la tierra e intermedios, una especie de
burguesía nacional que se beneficia con la renta diferencial (ganancia por
encima de la media, otorgada por las condiciones naturales e internacionales) a
las que el kirchnerismo pretende ubicar como el “enemigo principal”, fomentando
el mito de que desde el PJ se oponen a la "oligarquía", un estrato
social que hoy por hoy prácticamente no existe.
La ganancia de estos capitalistas,
impuestos mediante, les ha servido a los distintos gobiernos para apalancar a otros
capitalistas, mucho menos competitivos, mediante el otorgamiento de subsidios.
Esta situación, que se prolonga en el tiempo, llevó a que, en periodos de
crisis, esta fracción proteste contra las retenciones u otros impuestos.
¡Ahora, cuando cuentan con cierto “viento de cola” internacional, guerra
mediante, las patronales camperas pretenden que, otras bandas capitalistas, no
les birlen lo que están ganando!
En la proclama el campo hizo énfasis en otros
puntos. “No somos ciegos. Las
necesidades existen. Pero las necesidades son infinitas y los recursos
son limitados. No se puede seguir cargando al burro que mueve la noria y menos
comérselo. Para repartir riqueza
primero hay que crearla y la mejor manera de distribuirla es el
trabajo libre donde los beneficios vuelven solos a la sociedad, sin necesidad
de intervención estatal”. Por último, el sector pidió que se acaben las mentiras: “Basta de mentiras,
basta de opresión impositiva, basta de sarasa”[2].
Nuestro análisis no tiene el objetivo de
descubrir la existencia de una burguesía “nacional”, a la que debamos apoyar -a la manera del PCR- en una supuesta lucha contra los sectores más concentrados, las empresas extranjeras o imperialistas. ¡Para
nada, ya que todo esto ni siquiera tiene que ver con la lucha de 2008, que involucró
a pequeños productores, que la tomaron como propia para no dejar de existir, muchos
de estos estaban organizados en la Federación Agraria!
Lo que pretendemos es denunciar la gran
sarasa del gobierno -y de la izquierda que repite sus argumentos- para ocultar
las verdaderas políticas de quienes, ubicándose como “nacionales y populares” nunca
han metido mano allí donde están los grandes monopolios y a las
multinacionales, como los pooles de siembra, los fabricantes de agrotóxicos y
semillas transgénicas y un largo etcétera, que incluye a la burguesía “extractivista”,
que continúa saqueando y depredando nuestras riquezas.
Con la izquierda, en general, acordamos en cuanto a no apoyar este tipo de movidas. Sin embargo, la caracterización que manejan ciertos partidos, como el MST, el PTS, el Nuevo MAS y otros, en el sentido de que el "tractorazo" expresa a la derecha más reaccionaria que gana las calles contra algunas medidas, que aunque "tibas" representarían un golpe a la "oligarquía", es muy peligrosa.
De ser consecuentes con este análisis y, en la medida en que se profundicen las marchas del "campo", estos partidos van a terminar del lado del gobierno, defendiéndolo del ataque del "gorilaje", algo parecido a lo que han hecho en otros países, ubicándose en la trinchera de Lula, Evo, Correa o Maduro, cuando estos personajes agitaron el peligro "golpista", atrapando a muchos izquierdistas en sus trampas y maniobras "progresistas".

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