Por Juan Giglio
La situación política nacional, debido a la crisis que golpea tanto a oficialistas como opositores, está madurando para que la izquierda la aproveche, apareciendo como una opción clara y diferente, no solo en términos electorales, sino, principalmente, en el terreno de la lucha de clases. En ese sentido, es un crimen político que las conducciones del FITu hayan desmontado, en los hechos, el espacio unitario que dio lugar a las grandes movilizaciones contra el acuerdo con el FMI.
Es que ni el presidente, ni su ministro de economía ni, mucho menos la oposición patronal, que está dividida en mil pedazos, dan "pie con bola", todos y todas aparecen frente a los ojos de la sociedad como ineptos e ineptas que se pelean entre sí para defender privilegios, los suyos y los de los empresarios que los sostienen. Esa es la razón por la cual, personajes como Milei lideran las encuestas, mostrándose como "anti" todo, cuando en realidad no es más que un representante de las mismas "castas" que dice combatir.
Pero, el fenómeno "libertario", también está dando lugar al crecimiento de la imagen de la izquierda, que no es vista por la mayoría como parte del "circo" que conduce al país a la catástrofe. Para aprovechar esa realidad, los partidos que integran el FITu tienen la responsabilidad de hacer un amplísimo llamado a construir algo mucho más grande, parecido a lo que hicieron con el espacio que motorizó las movilizaciones contra el FMI. ¡Desde Convergencia Socialista apostamos con todo a ese tipo de unidad de acción, obrera y socialista!
Un escenario catastrófico para la burguesía y su régimen "democrático" representativo
Ningún
presidente o dirigente está en condiciones de pilotear una tormenta, sin que
todos los partidos, o al menos el suyo, esté alineado bajo su conducción. Eso
es lo que dijo, sin descubrir la pólvora, el ministro de economía Martín Guzmán,
desatando un nuevo episodio de la batalla interna dentro del Frente de Todos o,
de “cada vez menos”.
Para aplicar
el plan económico pactado con el FMI, el gobierno necesita que tanto
oficialistas como opositores acompañen las medidas. El problema no son los desacuerdos
entre partidos patronales en torno al ajuste, sino el hecho de que nadie quiera
asumir el costo político de medidas económicas que, como todos saben, llevarán a
la mayoría de la sociedad a una verdadera catástrofe.
Esa es la
razón por la cual, la cabeza del ministro de economía es el premio mayor, pero
ya no para los macristas, sino para los propios kirchneristas. Esta semana volvió la metralla sobre el
ministro de Economía por parte de funcionarios y dirigentes con terminal
política en la vicepresidenta Cristina
Kirchner. El desfile lo inició el ministro de Desarrollo de la Comunidad
bonaerense y funcionario de Axel
Kicillof, Andrés Larroque, que pidió la salida del jefe del Palacio de
Hacienda de manera directa.[1].
Aunque no es
la primera vez que lo han cuestionado, el pedido de que renuncie tiene dos
elementos que hacen a la gravedad de la crisis política. Uno, es que, al
golpearlo, el kirchnerismo le da un tiro por elevación a Alberto Fernández, lo cual
es un problemón para este país, que continúa teniendo un régimen “presidencialista”.
El otro
problema, es que la historia reciente demostró que, en medio de una crisis
económica como la actual, la renuncia de un ministro de economía suele ser la
primera de una sucesión de renuncias en esa cartera. Esto quiere decir que el
gobierno, en ese eventual escenario, se quedaría sin una conducción permanente
en cuanto a su principal ministerio.
Esta pelea interna,
que continúa el combate por el Consejo de la Magistratura, se da en el marco de
lo que aconteció con el “Tractorazo”, una movilización patronal, que, aunque
fue motorizada por un sector patronal insignificante, causó escenas de pánico
dentro de la Rosada. Esto significa que, sin necesidad de un huracán político, cualquier
brisa más o menos intensa puede llegar conmover la institucionalidad burguesa.
No serían tan
graves estas trifulcas palaciegas, si no sucedieran en medio en un contexto en
el que se combina la recesión, nacional e internacional, con una guerra que
pone a todo en jaque. En medio de esto se profundiza la debacle del
bipartidismo con el que se vino sosteniendo al régimen durante estos últimos
años, ya que las encuestas pusieron a un “outsider”, Milei, en condiciones de
acceder al sillón de Rivadavia.
También, los
datos que surgen de estos sondeos, ubican al Frente de Izquierda en un lugar
importante, ya que sociedad tiende a polarizarse, entre la derecha más
consecuente y la izquierda trotskista. Esta tendencia está signada por un
creciente rechazo social a las instituciones y por una fenomenal desconfianza hacia
quienes gobiernan o lo han hecho en el pasado más reciente.
Las corporaciones políticas parecen
estar en tela de juicio y eso se refleja en una radicalización, a través de la
cual empiezan a predominar figuras, corrientes, discursos que se ponen en
contra de todo. Por la izquierda, está el trotskismo que se presenta como
antisistema. En contra del capitalismo, de una forma de organización de la
sociedad. Del otro lado, en la derecha, hay un fenómeno que se cuida de decir
que está en contra del sistema, aclara que está a favor de su existencia, pero
que va en contra de una casta: ese es Javier Milei.
Crece sin estructura, como un planteo
de agitación contra el status quo, en parte porque mucha gente adhiere a
posturas anti-Estado. Es lo que pasa cuando hay alta inflación y, sobre todo,
cuando se presume que esa escalada tiene que ver con el exceso de gasto público
y la forma espuria de financiar ese gasto público. Pero hay más que eso en
Milei. Muy probablemente adhieren a él porque lo ven enojado y ven que en ese
enojo está el propio enojo[2].
En esta
carrera la izquierda tiene una ventaja enorme, porque a diferencia de Milei, sí
tiene un programa realista y de salida a la crisis. Frente a esa posibilidad,
los partidos que integran el FITu deberían abrirse a la incorporación de todos
los grupos y personalidades que estén dispuestos a dar pelea, no solo en las
elecciones presidenciales de 2023, sino también y principalmente, en todos y cada uno de los conflictos obreros y populares.

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