Por Damián Quevedo
El proceso de restauración capitalista en los ex Estado obreros surgidos de las revoluciones del siglo XX, ya casi no es discutido por ningún partido de izquierda, salvo algunos nostálgicos -trasnochados- del estalinismo, que continúan diciendo que existe el Socialismo en Cuba, Corea del norte y China.
Hay sí un debate más fino en torno al carácter
imperialista de China, sobre el cual hemos publicado varios artículos, afirmando
que este país se convirtió en una potencia de esas características. Recientemente
emitimos un programa, en vivo, en el cual, uno de nuestros camaradas debatió con
un dirigente del PTS, cuyo partido dice todo lo contrario.
Independientemente
del hecho de que la economía interna de China está desarrollada de manera
desigual y que su productividad laboral está por debajo de la de las antiguas
potencias imperialistas en Occidente, sin embargo, juega un papel dominante en
la economía mundial.
Según las
últimas cifras, China se había convertido en la nación líder en la fabricación
mundial, el corazón de la producción de valor capitalista global. Para 2019
representa el 28,7 % de la producción manufacturera mundial y en 2020 esta
participación ya creció hasta el 31,3 %. Estados Unidos ocupa el segundo lugar
con un 16,8%. Asimismo, se ha convertido en la economía líder en exportaciones
mundiales y se encuentra en una posición casi igual a la de EE.UU. en términos
de importaciones[1].
Sin profundizar en este aspecto, que se puede estudiar
en los artículos citados, la idea de esta nota es mostrar la relación entre la
centralización Estatal -promovida por la burocracia desde la época en que
conducían los Estados obreros degenerados- y el apalancamiento del desarrollo
capitalista, que permitió la transformación de estos países de semi colonias a
potencias imperialistas que hoy por hoy disputan el mercado mundial.
La restauración capitalista en la ex URSS, fue un
proceso que llevó décadas y que se concretó mucho antes de la caída del muro de
Berlín. Este país, atrasadísimo en términos productivos, se ubicó, gracias a la
Revolución de 1917, a la vanguardia de Europa y del resto del mundo. Sin
embargo, ese atraso y la derrota de las revoluciones en el viejo continente -fundamentalmente
en Alemania- acorralaron al país de los soviets, dando lugar a la gestación de
una casta burocrática, que se transformó, con el tiempo, en una nueva
burguesía.
El pecado original
De esta manera describía Lenin, que tenía en cuenta estas contradicciones, a la formación económico social rusa, en 1922, cinco años después de iniciada la revolución rusa:
Así pues, en 1918 yo
sostenía la opinión de que el capitalismo de Estado constituía un paso adelante
en comparación con la situación económica existente entonces en la República
Soviética. Eso parecerá muy raro, y puede que, hasta absurdo, pues nuestra
república era ya entonces una república socialista; entonces adoptábamos cada
día con el mayor apresuramiento –quizá con un apresuramiento excesivo- diversas
medidas económicas nuevas, que no podían calificarse más que de medidas
socialistas.
Y, sin embargo, pensaba que el
capitalismo de Estado suponía un paso adelante comparado con aquella situación
económica de la República Soviética y explicaba más adelante esta idea,
enumerando simplemente los elementos del régimen económico de Rusia. Estos
elementos eran, a mi juicio, los siguientes: “1) economía campesina patriarcal,
es decir, natural en grado considerable; 2) pequeña producción mercantil (en
ella se incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales); 3)
capitalismo privado; 4) capitalismo de Estado, y 5) socialismo”.
Todos estos elementos económicos
existían a la sazón en Rusia. Entonces me planteé la tarea de explicar las
relaciones que existían entre esos elementos y si no sería oportuno considerar
alguno de los elementos no socialistas, a saber, el capitalismo de Estado,
superior al socialismo. Repito: a todos les parece muy raro que un elemento no
socialista sea apreciado en más y considerado superior al socialismo en una
república que se proclama socialista.
Pero comprenderéis la cuestión si
recordáis que nosotros no considerábamos, ni mucho menos, el régimen económico
de Rusia como algo homogéneo y altamente desarrollado, sino que teníamos plena
conciencia de que, al lado de la forma socialista, existía en Rusia la agricultura
patriarcal, es decir, la forma más primitiva de agricultura[2].
La convivencia de los restos de formas económicas pre
capitalistas, con cierta producción industrial moderna, aunque lejos del
desarrollo de los países del capitalismo más avanzado -como EEUU o Inglaterra- con
una superestructura socialista y un grado incipiente de planificación de la
economía, dio lugar al crecimiento, desigual de lo que hoy es Rusia, una potencia,
que, aunque menor, tiene un carácter imperialista.
La vieja Unión Soviética no pudo, debido a la
combinación de condiciones -objetivas y subjetivas- seguir profundizando el
proceso socialista, para lo cual tendría que haber logrado internacionalizar la
revolución, derrotando a los capitalistas de los principales países, en primer
lugar, los europeos. ¡En ese sentido, la derrota de la revolución alemana,
condenó a la “patria de los soviets”!
Lenin
dejó estos interrogantes sin respuesta hasta sus famosas Tesis del 4 de abril
de 1917. Recién aquí rompió por primera vez con la concepción tradicional de la
revolución “burguesa” y con la fórmula “dictadura democrático burguesa del
proletariado y el campesinado”. Proclamó que la lucha por la dictadura del
proletariado constituía la única forma de llevar la revolución agraria hasta el
fin y de asegurar la libertad de las nacionalidades oprimidas. Sin embargo, el
régimen de la dictadura proletaria, por su propia naturaleza, no podía quedar
en el marco de la propiedad burguesa.
El dominio del proletariado ponía
automáticamente en la agenda la revolución socialista, que en este caso no
quedaba separada de la revolución democrática por una etapa histórica, sino que
estaba orgánicamente ligada a la misma o, más precisamente, era un devenir
orgánico de la misma.
El ritmo de
transformación socialista de la sociedad y los límites que alcanzaría en el
futuro próximo dependerían de factores tanto internos como externos. La
Revolución Rusa era un eslabón de la cadena de la revolución internacional. Tal
era en líneas generales, la esencia del concepto de revolución permanente
(ininterrumpida). Fue precisamente esta concepción la que aseguró la victoria
del proletariado en octubre[3].
El estancamiento de la revolución y el desarrollo
relativamente rápido de una casta burocrática, que surgió de las bases sociales
-atrasadas- de Rusia. Este sector social, para defender sus privilegios -y, de
esa manera, poder avanzar hacia la restauración capitalista- fortaleció el
Estado, incluso a niveles mayores que los que conocieron en ese período los
países capitalistas.
Desde el punto
de vista del marxismo, el estado es un aparato por medio del cual una clase
gobierna sobre otra. La dictadura del proletariado es solamente institución
temporal indispensable a los trabajadores para hacer frente a la resistencia de
los explotadores y para destruir la explotación. En una sociedad sin clases el
estado, como aparato de coerción, debe marchitarse gradualmente y ser
remplazada por la libre autoadministración de productores y consumidores.
¿Pero qué
observamos en la realidad? Veinte años después de la revolución el estado
soviético se ha vuelto el aparato de coerción y compulsión más centralizado,
despótico y sediento de sangre. Por lo tanto, la evolución del estado soviético
actúa en total contradicción a los principios del programa bolchevique.
La razón de
esto se encuentra en que la sociedad como ya se dijo, se está desarrollando, no
hacia el socialismo, sino hacia el renacimiento de contradicciones sociales. Si
el proceso continúa en esta dirección debe llevar inevitablemente al
renacimiento de las clases, la liquidación de la economía planificada y la
restauración de la propiedad capitalista. El régimen estatal llegará a ser en
ese caso inevitablemente fascista[4].
Concentración y centralización burocrática, Estado y
monopolios
La época del imperialismo, es la era en la que el
capitalismo abandona la llamada libre competencia y pasa a la dominación de los
monopolios y el capital financiero. Es la época histórica en la que se
desarrollan, en el mundo, las premisas económicas y sociales para la revolución
proletaria.
Esto no implica la desaparición absoluta de la
competencia entre capitalistas, sino que esta adquiere otra escala y da lugar a
las guerras entre las grandes potencias por el dominio del mercado mundial. La
competencia, la anarquía de la producción reinan aún en el mercado mundial,
pero dentro de cada empresa, concentrada y monopólica, se imponen la
planificación y el trabajo socializado, razón por la cual, en cada uno de esos
grandes monopolios existen las bases para el socialismo.
Las características que adquirió el Estado soviético
(y los Estados en las revoluciones posteriores) tuvieron enormes similitudes
con el desarrollo de las empresas monopólicas, en cuanto a la planificación
burocrática de sus respectivas economías. Esto, junto con la colectivización
forzosa de la economía rural, contribuyó al desarrollo de una nueva burguesía,
cuya acumulación originaria surge del manejo del aparato estatal, que impulsó
el capitalismo de Estado, manejado, casi desde el comienzo, por la burocracia.
El desarrollo de las fuerzas productivas, llegaron a
equiparar y en algunos casos a superar al capitalismo parcialmente, aunque -de
conjunto- la URSS y demás países “socialistas”, continuaron con un desarrollo
menor al de las grandes potencias imperialistas, dueñas de la tecnología más
avanzada.
Sin embargo, y a pesar de esta contradicción, el
desarrollo de las fuerzas productivas de los Estados obreros burocratizados -hoy
ya capitalistas- permitió, de manera desigual y combinada, que estos dieron grandes
saltos en el desarrollo económico y social, ya que estaban inmersos en un mundo
que había alcanzado un alto grado de desarrollo.
Cuando más amplias son las diferencias del desarrollo y mayor el número de etapas presentes en un periodo dado, más dramáticas son las posibles combinaciones de condiciones y fuerzas, y más rápida la naturaleza de los saltos Algunas combinaciones producen extraordinarias erupciones y rápidos movimientos en la historia.
El transporte ha evolucionado lentamente la locomoción humana y
animal, a través de los vehículos a rodado hasta el tren, automóviles y
aeroplanos. En época reciente, sin embargo, los pueblos de Sudamérica y Siberia
han pasado directamente y de un solo salto desde el animal al uso de los
aviones[5].
Estos saltos, apalancados por la burocracia -pero
imbuidos y condicionados por el desarrollo mundial- permitieron que algunos de
los países en los que hubo revoluciones en el siglo XX, como China o Rusia,
pasaran en menos de un siglo, de ser países atrasados, semi feudales a disputar
el mercado mundial a las grandes potencias, como EEUU o el bloque europeo.
En un sentido, la dictadura proletaria -que tuvo un corto período de duración, debido a la traición stalinista- cumplió su papel en cuanto al desarrollo burgués. Este proceso, que generó la existencia de un proletariado enorme, que trabaja en fábricas de tecnología avanzada, preparó las condiciones materiales para la revolución socialista, que casi imposible de concretar en países donde la mayoría, casi absoluta de su población, era campesina y vivía en condiciones cuasi feudales.
[1] http://www.thecommunists.net/
[2] V.
Lenin; Informe pronunciado ante el IV
Congreso de la Internacional Comunista el 13 de noviembre de 1922
[3] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/permanente/larevolucionchina.htm
[4] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/escritos/libro5/T09V137.htm
[5] https://www.marxists.org/espanol/novack/1957/desigual.htm
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