Por primer vez, en años, los kirchneristas tuvieron que resignarse a entrar a la Plaza de Mayo después que la izquierda... ¡Todo un símbolo!
Por Damián Quevedo
Los actos conmemorativos del 24 de marzo mostraron -con claridad- el panorama político nacional, tanto en lo que hace a la fractura dentro del gobierno como en cuanto a la debilidad del espacio mayoritario del Frente de Todos.
El quiebre gubernamental, acelerado luego del acuerdo con el FMI, pero sobre todo por la imposibilidad de salir de la crisis económica, adelantó la disputa electoral de las próximas presidenciales, aunque la pelea que se está librando es entre dos fracciones derrotadas con anterioridad.
Desde el kirchnerismo expresaron en diálogo con este diario (Página 12) sobre ese punto que "nosotros también hemos hecho mucho trabajo por la unidad, pero las instancias de diálogo no se piden por los medios porque eso atenta la posibilidad de diálogo". "Esta novela mediática no sirve para nada", opinaron y comentaron que, en esa línea, no cayeron bien las declaraciones que el canciller Santiago Cafiero hizo durante el fin de semana .
La contienda se produce entre los perdedores de las últimas elecciones, porque tanto la banda que rodea al presidente como la de Cristina, fueron castigadas por los votos. El tercer sector en disputa, el que quedó en pie, es el conformado por los gobernadores, que funcionan como una federación y responden a los capitales que tienen peso en cada provincia. ¡Es decir, no hay unidad en el PJ, ni posibilidad de que vuelva a producirse!
El otro aspecto que demostró la movilización del 24, es la debilidad del kirchnerismo y de su núcleo duro, La Cámpora, que años atrás se imponía en esta fecha, ocupando desde temprano la Plaza de Mayo, haciendo que los organismos de derechos humanos independientes y la izquierda tuvieran que esperar que termine el acto del gobierno, para ingresar a la plaza.
Esto cambió radicalmente ayer, porque después de que el kirchnerismo amenazara con "pasar por encima" de la izquierda, sus columnas tuvieron que resignarse a ocupar el segundo lugar. ¡La pérdida de la plaza es, en las actuales circunstancias, todo un símbolo!
Este retroceso del peronismo K no se produjo solo en la calle, en las últimas elecciones legislativas expresó el mismo fenómeno perdiendo cientos de miles de votos que fueron hacia el Frente de Izquierda.
Esto es una preocupación para el kirchnerismo frente a la posibilidad de que la izquierda trotskista siga creciendo electoralmente. En las últimas elecciones sacaron más de un millón de votos, crecieron en la provincia. Dentro del kirchnerismo, creen que avanzan sobre su propio terreno. Es decir, empiezan a ver que el trotskismo le habla a su propia base electoral, sin compromiso con Alberto Fernández ni la responsabilidad de gobernar, de una manera mucho más nítida e interpelante de la que podrían hablar ellos.
Esto explica en buena medida la ruptura. Lo que más les importa es retener el voto, su base electoral .
Esta crisis, que también sucede en las filas de la oposición patronal, fragmentada en varias facciones que se odian unas a otras, constituye una oportunidad inédita para que la izquierda revolucionaria gane el liderazgo de los batallones más combativos de la clase trabajadora.
En ese sentido, la izquierda no tiene que preocuparse en disputarle la base electoral del kirchnerismo, ya que el movimiento obrero desde hace tiempo abandonó al peronismo -en todos sus envoltorios- incluso quienes lo han votado “para que no gane Cambiemos”. Lo que hay que hacer es pelear la dirección de los destacamentos obreros de vanguardia, desplazando a la burocracia sindical, que también está en pleno retroceso.
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