Por Damián Quevedo
La invasión rusa a Ucrania ya impactó sobre la economía de Argentina, que si algo le faltaba era una guerra de estas características, cuyo efecto ya tuvo su réplica, directa e impactante, en las acciones de nuestro país en Wall Street. ¡En las actuales circunstancias, no sucederá como en épocas del general Perón, cuando la Segunda Guerra benefició, de manera espectacular, al comercio exterior nacional, otorgándole cierta independencia de las potencias en pugna!
Los
activos argentinos sintieron el impacto de la volatilidad global por el temor a
una nueva guerra entre Rusia y Ucrania, con el apoyo de Estados Unidos. Y,
aunque los principales índices bursátiles de Wall Street rebotaron sobre el
final, ni los bonos ni las acciones argentinas pudieron evitar cerrar en rojo. El
riesgo país, que al mediodía se había disparado por encima de 5%, terminó con
una suba diaria de 1,4% a 1.760 puntos. En tanto, el índice Merval cayó 3%, con
papeles que se hundieron hasta 4,8%[1].
Esta caída es apenas unos de los efectos de este comienzo de guerra, que ya provocó la suba del precio del petróleo, cuya cotización llegó a los 100 dólares por barril, la mayor desde el año 2014. ¡El incremento de este insumo fundamental, aún no reemplazado por otros combustibles, afecta directamente al consumo energético, en un país, que como el nuestro, continúa estando obligado a importar uno de sus principales derivados, el gas!
El
país tenía previsto importar gas por US $800 millones durante este año, según
Energía. La mitad era gas de Bolivia y el otro 50% era a través de GNL, el gas
líquido que viene en barcos. Ambos aspectos lucen complicados. La mayor
complicación viene por el lado del GNL. Energía presupuestó cerca de US $400
millones para comprar gas importado entre mayo y septiembre. En esa estimación,
el millón de BTU que venía en barcos se pagaba entre US$ 23 y US$ 24[2].
Todo indica que esos precios subirán, ya que Europa está dejando de recibir el suministro de gas que provenía de Rusia, teniendo sus gobiernos que comprarles más GNL a otros exportadores, como Estados Unidos, Qatar y Australia. Esa realidad pondrá presión sobre los países sudamericanos (Argentina entre ellos), que verían como los embarques de GNL suben hacia los US$ 30 por millón de BTU.
En lugar de US$ 400 millones, Argentina podría terminar pagando US$ 500 millones o más, lo cual significa que los subsidios, que ahora están en US$ 730 millones -dinero puesto por el Estado para no subir las tarifas actuales- podrían aumentar de manera considerable, generando un mayor déficit, justo en momentos en que desde el FMI están apretando para que este y los subsidios se reduzcan de manera considerable.
Con la escalada guerrerista de Rusia, los aumentos en el costo de las importaciones ponen al gobierno argentino entre la espada y la pared, ya que, si Alberto se decide a liberar las tarifas, según las exigencias del Fondo, la crisis económica podría tener una aceleración gravísima, generando una nueva crisis política a un año de las próximas elecciones. ¡Esta y no otra es la principal causa del alineamiento del gobierno con la OTAN!
El comunicado de Cancillería, que llama a Rusia a detener la ofensiva bélica, es un retroceso en chancletas de los dichos en la gira de Alberto por Europa, quien después del coqueteo con Putin y Xi, terminó encuadrándose detrás de la fracción más cercana a Washington.
Sin embargo, en las actuales circunstancias, Biden, que tiene problemas mucho más
graves que apurar la firma del acuerdo con el FMI con Argentina, dejará de mirar hacia el sur del continente, coyuntura que debe
ser aprovechada por la izquierda para “pegar en caliente”, proponiendo la más
amplia unidad para evitar que se firme el acuerdo con el Fondo Monetario.
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