Mienten, el acuerdo con el FMI es ajuste, reforma laboral y demás


Por Damián Quevedo

El acuerdo con el FMI, que aún debe pasar por el trámite del Congreso, es una condena al hambre para la mayoría de los trabajadores y el pueblo. Entre la letra chica y la zaraza del ministro de economía, el gobierno se rasga las vestiduras sosteniendo que no habrá ajuste y niega el que ya viene imponiendo.

Las autoridades del Fondo exigen un gran ajuste fiscal -gradual según informan los funcionarios progres- pero, aun aceptando la existencia de esos ritmos, esto implica un arco mucho más amplio de aumentos, como la quita de subsidios al transporte y la energía, que además de aumentos en las tarifas, sumará puntos a la inflación, estimada en un 50% para este año.

Mienten desde el gobierno cuando sostienen que no hará una reforma jubilatoria, porque la realidad es que ya la hicieron, anticipándose al acuerdo, en 2020, anexando la movilidad jubilatoria a los aumentos salariales, cuando antes (si, con Macri) estaba atada a la inflación. El peronismo grita, además, que no impondrá una reforma laboral, cuando en los hechos la viene implementando, alentando la flexibilización laboral a mansalva, el teletrabajo, la virtualidad, los ATR docentes, etc.

Fernández dice que no va a hacer lo que hizo y continúa haciendo, que no es otra cosa que ajustar y precarizar a los trabajadores, mientras entrega los recursos a las multinacionales extractivistas. Como ya lo señalamos en notas anteriores, este acuerdo tampoco resuelve el problema de la deuda, que es propio del capitalismo en países como el nuestro, sino que patea para adelante los vencimientos, incrementándola cada vez más.  

Los vencimientos que Argentina no pagará ahora se concentrarán en el 2026 o en el 2028. Decimos que no es menor porque una u otra opción LIMITAN las posibilidades de esperar un shock de confianza a partir del acuerdo. En realidad, lo que resulta es que la negociación termina siendo apenas un DEFAULT DIFERIDO y no una solución al endeudamiento[1].

Estos plazos se pueden acortar rápidamente si el contexto internacional continúa siendo adverso. La aceleración de la crisis, la merma en el ingreso de dólares legítimos -producto de las exportaciones, no de endeudamiento- y la suba de las tasas de interés de la FED (la reserva federal yanqui) que arrastra las inversiones hacia los bonos de deuda de EEUU, significa que los capitales migrarán hacia el norte. Este proceso, inevitable, empujará otra baja de las reservas del BCRA, haciendo que no haya posibilidad de seguir pagando los vencimientos, sino con nuevos préstamos.

No hay nada nuevo bajo el sol, el peronismo ha sido siempre el ejecutor de los ajustes más salvajes y de la mayor entrega de soberanía bajo el régimen democrático burgués. Ahora, con este nuevo pacto, profundiza la dependencia, casi al nivel de una Colonia, accediendo a revisiones trimestrales del FMI, sobre la política económica, esa es la muestra más clara del significado de la democracia patronal.

Por eso, la única salida a la crisis y el único camino para romper con el FMI y con la dependencia, es la movilización obrera y popular, la organización de asambleas populares que coordinen entre sí y preparen otro Argentinazo que imponga un gobierno realmente democrático, en el que el pueblo gobierne mediante esas asambleas, la única salida a la crisis es una revolución socialista.



[1] La Nación 29/01/2020

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