Leer a Dickens, para cambiar estos "Tiempos Difíciles"


Por Samuel Noyola

Enormes serpientes de humo se elevan y vuelan alto cubriendo todo el cielo de Coketown, envolviendo de gris cada rincón de la ciudad. Allí reina la monotonía de una vida de sacrificios y explotación para los trabajadores, pero, al mismo tiempo, de grandes lujos para los patrones.

Corría el año 1854 cuando Charles Dickens (1812-1870) irrumpió con Tiempos difíciles, una obra donde retrata la situación a la que se ve expuesta la clase obrera y los abusos y placeres de la burguesía naciente. Marx, quien fuera contemporáneo de este escritor, supo decir que “en sus libros se proclamaban más verdades que en los discursos de los políticos y los moralistas de su época juntos”.

Gran parte de su obra tiene un fuerte tinte autobiográfico, expresando su infancia, que fue sumamente complicada. La sociedad victoriana y una revolución industrial en apogeo lo empujaron al mundo del trabajo a los doce años, tras el encarcelamiento de su padre por deudas, yendo a trabajar a una fábrica de betún. Su educación fue irregular: aprendió por su cuenta taquigrafía, trabajó como ayudante en el bufete de un abogado y, finalmente, ejerciendo el oficio periodístico, como corresponsal parlamentario del Morning Chronicle.

Coketown, de este su libro Tiempos Difíciles, es una ciudad ficticia, aunque podría ser cualquier otra de la Inglaterra Victoriana, en pleno auge de la Revolución industrial, donde conviven las permanentes contradicciones de clase. Es un mundo negro y sórdido, debido a las emanaciones de humo de una gran concentración fabril y los relojes, que moldean, junto a la maquinaria, la vida de quienes la habitan.

Dickens habla allí de jornadas de dieciséis horas de trabajo, sueldos de miseria, niños obreros y millares de proletarios que son concebidos como simples extensiones de una gran máquina, viviendo en condiciones de miserabilidad humana. En esa ciudad aparecen los educadores del sistema, como el director de escuela Thomas Gradgrind, con una fuerte visión “positivista”, que no da lugar a los sueños, la imaginación o la risa.

“Lo que yo quiero son hechos. Educad a esos niños y a esas niñas a base de hechos prácticos. Son lo único necesario en la vida. Sembrad solo hechos y arrancad todo lo demás. Únicamente apoyándose en los hechos positivos, matemáticos, pueden formarse las mentes de los animales racionales; cualquier otro procedimiento será completamente inútil. De acuerdo con este principio educo a mis propios hijos, y es la base también de la instrucción de todos estos niños. Aténgase usted a los hechos, caballero”.

Este director mantiene una sociedad con el empresario Josiah Bounderby, que pretende gobernar la vida de los trabajadores de su fábrica a sus anchas. En ese marco, la doble moral burguesa atraviesa la obra, delatando la temprana decadencia de la clase explotadora. En los tres tomos de Dickens se entrelazan, vida, sueño, penurias, aventuras de los hijos de Gradgrind, Tom y Louisa, y su compañera Sissy Jupe… la vida en el circo, en la fábrica y en las mansiones.

Pero, para quienes luchamos día a día por una sociedad distinta, nuestro personaje destacado es, sin duda, el obrero Stephen Blackpool, que, siendo golpeado por grandes contradicciones, termina siendo el héroe y la víctima de esos tiempos. Dickens, mientras cuenta su historia, retrata, de manera genuina, la asamblea de trabajadores de fábrica y comienza el capítulo IV, con una verdadera declaración de guerra contra los explotadores:

“-¡Amigos míos, obreros oprimidos de Coketown! ¡Amigos míos y compatriotas, esclavos de una mano de hierro y de un despotismo martirizador! ¡Amigos míos, compañeros hombres como yo! Os anuncio que ha llegado la hora de que nos agrupemos todos como una sola fuerza unida, y que pulvericemos a los opresores que durante tanto tiempo han engordado con el saqueo de nuestras familias, con el sudor de nuestra frente, con el trabajo de nuestras manos, con la fuerza de nuestros músculos, con los derechos humanos más gloriosos que Dios creó, con los dones sagrados y eternos de la fraternidad”.

Blackpool se resiste a la dinámica de lucha contra la patronal, propuesta por sus compañeros de trabajo. Siendo visto como un traidor, es empujado al más duro de los ostracismos, debido a la fidelidad para con su amiga, también obrera de la fábrica, Raquel. Bounderby trata de aprovecharse de esta situación, para contar con una marioneta a su servicio, un “buchón”, capaz de revelarle todos los secretos e intenciones de los trabajadores.

Sin embargo, los ideales de Blackpool chocan con las pretensiones del patrón, razón por la cual terminará envuelto en una trama oscura que lo termina dejando sin trabajo, exiliado y culpado de un robo que no cometió. En los debates entre el obrero y el patrón, que Dickens escribe con genialidad, se advierten dos formas opuestas de ver el mundo y a quienes lo habitan, una expresión larvada también de lucha de clases.

-¿De que os quejáis de un modo general vosotros, los trabajadores? -Señor, aunque yo he tenido mi parte de sufrimiento, nunca tuve habilidad para exponerlos. Señor, vivimos metidos en un embrollo. Fijaos en nuestra ciudad…con todo lo rica que es…, y ved la gran cantidad de personas que han tenido idea de reunirse aquí para tejer, para cardar y ganarse la vida, todos con el mismo oficio, de un modo u otro, desde que nacen hasta que los entierran. Fijaos en cómo vivimos, en dónde vivimos, en que apiñamiento y con qué uniformidad todos. Fijaos en como las fábricas funcionan siempre, sin que con ellos nos acerquen más a ninguna meta determinada y distante…, como no sea la muerte.

Fijaos en el concepto que nos tenéis, en lo que escribís acerca de nosotros, en lo que decís de nosotros, en las comisiones que enviáis a los ministros con quejas de nosotros y en que siempre tenéis razón y jamás la tuvimos nosotros en todos los días de nuestras vidas. Fijaos en como todas estas cosas han ido creciendo y creciendo, haciéndose más voluminosas, adquiriendo mayor amplitud, endureciéndose más y más, de año en año, de generación en generación. ¿Quién se fije con atención en todo esto no dirá, si es sincero, que es un embrollo? (…)

En particular, valorándolos con tanta o cuanta mano de obra y moviéndolos como números en una suma o como máquinas. De la misma manera que si ellos no tuviesen amores y gustos, recuerdos e inclinaciones, ni almas que pueden entristecerse ni almas capaces de esperar; desdeñándolos como si para nada contasen ellos, cuando están tranquilos, y echándoles en cara la carencia de sentimientos humanos en sus tratos con ustedes, cuando ellos se inquietan; de esa forma, señor, no se mejorará a situación mientras el mundo sea mundo y no vuelva a la nada de la que Dios lo sacó.”

El 7 de febrero se cumplirían 210 años del Nacimiento de Charles Dickens, el autor de estos Tiempos Difíciles, que no son cosa del pasado, ya que hoy, la clase obrera es empujada cada vez más hacia el abismo de las penurias, la miseria y los sacrificios. La crisis del sistema está volviendo a mostrar la necesidad de tirar al basurero de la historia a los capitalistas y su sistema. La tarea de cumplir con este mandato está en manos de los millones de proletarios y proletarias, que de manera consciente o inconsciente se alistan día a día en los combates, que son permanentes, por la defensa de sus condiciones de vida.  

Igual que en la época de Dickens, ahora también aparecen y se desarrollan diversas maneras de hacerle frente a los Tiempos Difíciles, aunque, en el nuevo contexto, con obreros y obreras mucho más experimentados y cultos, capaces, por lo tanto, de asumir más fácilmente la tarea historia, la de acabar, rápida y expeditivamente, con esta realidad, que si no se cambia a tiempo destruirá todo. La tarea de los y las socialistas es colaborar con esa perspectiva, orientando a los y las de abajo, para que asuman la necesidad de imponer, mediante la revolución social, una sociedad sin explotadores y opresores, ganando obreros como Blackpool.

Sin embargo, como supo decir Trotsky, es necesario que comprendamos que cada época tiene sus canciones. Nuestras luchas anteriores, sus penas y sacrificios, encontrarán su justificación solo en la medida en que aprendamos a formular y resolver correctamente nuestras tareas parciales, diarias y culturales. “No solo de política vive el Hombre”. “Es en la vida cotidiana donde se percibe mejor hasta qué punto el individuo aislado es el producto y no el creador de sus condiciones de vida. El modo de vida, es decir, el entorno y los hábitos cotidianos, se crean mucho más aun que la economía a “espaldas de los hombres” (Trotski, Problemas de la vida Cotidiana).

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