Por Damián Quevedo
La crisis capitalista no tiene precedentes, tanto por la imposibilidad de impulsar un nuevo ciclo expansivo como por la agonía de los regímenes democrático burgueses en la mayoría de los países. En semejante contexto, la burguesía no puede recurrir a las herramientas usuales para enfrentar las crisis, como las dictaduras militares, el fascismo o la guerra entre potencias, de manera de destruir fuerzas productivas y relanzar un nuevo ciclo de acumulación.
Sin embargo, esto no significa que los capitalistas estén quietos, todo lo contrario, ya que los dueños del mundo continúan y continuarán buscando nuevas opciones para recomponer la debilitada institucionalidad, aunque debido a la fuerza y radicalización del movimiento de masas, estas alternativas no van para el lado de los regímenes dictatoriales, sino hacia nuevas versiones demagógicas o populistas. (Leer todo)
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