La lucha de clases saldará cuentas con la izquierda que apoya el pase sanitario

Por Damián Quevedo

Desde el comienzo de la propagación de contagios de Covid, la clase dominante impulsó una campaña de terror e histeria social, que surgió efecto durante varios meses. Hoy estamos ante una nueva ola de publicidad y presión pública con el propósito, cada vez más claro, de garantizar el consumo de la mercancía inyectable, para que se enriquezcan las grandes farmacéuticas.  

Sin embargo, el pase sanitario no es solo un gran negocio de unos pocos monopolios internacionales, es también una herramienta de control social la represión. En ese sentido, es más que llamativo que la gran mayoría de la izquierda y del progresismo local, que habitualmente rechaza la injerencia e imposiciones de los organismos financieros internacionales, no hace lo mismo para con los dictados de una de estas instituciones, que es la OMS. 

Pareciera que existe una especie de interés común, sintetizado en la "salud", que hace que mágicamente, este gran lobby de los laboratorios tenga como fin la búsqueda del bien común, el cuidado de la salud de toda la población mundial. De golpe y porrazo, la izquierda y los progres más “antiimperialistas” han ocultado que a este organismo lo financian grandes capitalistas, particularmente Bill Gates, que además gana fortunas con otro rubro que en estos últimos tiempos “picó en punta”, la virtualidad.

Lo mismo sucede con la posición de muchos y muchas socialistas frente al Estado, ya que han avalado los encierros forzados que este “grupo de hombres armados”, como fue caracterizado por Marx y Engels, impuso a los trabajadores y las trabajadoras, tratando de impedir que se movilicen y, principalmente, que se junten para organizar sus luchas, a través de asambleas o reuniones de activistas.

Siguiendo la lógica de esta izquierda, por alguna “contradicción” o vaya a saber qué cosa, los funcionarios del Estado estarían preocupándose por el bien común, tomando medidas en materia de salud, que per se no son cuestionadas, aunque se trate de políticas abiertamente represivas y contrarias a las libertades públicas propias de la sociedad actual, como los encierros y el pase sanitario.

El Estado, dice Engels, resumiendo su análisis histórico, no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco 'la realidad de la idea moral', 'la imagen y la realidad de la razón', como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del 'orden'. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado"[1] 

Estas palabras, olvidadas por muchos y muchas socialistas, describen el Estado capitalista en sus orígenes. Hoy, cuando el Sistema Capitalista avance hacia una mayor putrefacción y decadencia, esas características se profundizaron enormemente, por lo tanto, la represión y el control social, con el desarrollo de la tecnología es mucho más grande. ¡La llamada pandemia sirvió como pretexto para esa profundización! 

El régimen democrático burgués, como herramienta de ejercicio del poder por parte de los capitalistas, está sufriendo cambios cualitativos, en camino hacia formas más represivas, acordes a la situación de crisis (económica y política) y para frenar la organización y la movilización de los trabajadores. En ese marco, la lucha contra todo tipo de medidas represivas es un deber de principio para todos los y las socialistas.

Dejar de hacerlo, aludiendo al "interés social o común" o a la situación de excepción de una pandemia -supuesta o real- es el equivalente a la defensa de la Patria (como si esta existiera para todos y todas) con la que, en 1914, muchos y muchas, que se reivindicaban del campo obrero y socialista, capitularon ante la rapiña de los capitalistas en la Primera Guerra Mundial.

No hay nada en común entre las multinacionales, la OMS, el Estado y la mayoría de los trabajadores. Por eso las medias tintas solo sirven para disfrazar la capitulación. ¡La izquierda revolucionaria debe rechazar abiertamente toda medida que venga desde el Estado y la OMS, comenzando por el pase sanitario, promoviendo la defensa de las libertades democráticas! Quien no actúe de esa manera será empujado al basurero de la historia, porque las masas, mucho más rápido de lo que muchos creen, no le perdonarán semejante crimen. 



[1] Lenin; El Estado y la revolución

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