La irracionalidad de la izquierda que defiende la "ciencia" oficial


Por Fran Colo /  (Leer nuestra opinión, crítica, sobre vacunas transgénicas)

Cuando debatimos con sectores de izquierda que sostienen, directa o indirectamente, la política sanitaria de la OMS, apoyando los confinamientos o la vacunación masiva e indiscriminada del conjunto, la mayoría nos acusa de "negacionistas", lo cual es una soberana mentira, ya que nunca negamos la existencia del virus, todo lo contrario. ¡Lo que decimos es que que los capitalistas exageran su peligrosidad para asustar a la población, desmovilizar y vender los productos de la Big Pharma, que representa a los monopolios más poderosos del planeta!

Otro argumento que utilizan quienes atacan nuestras posturas es decir que le damos la espalda a la "ciencia", como si todas las mercancías producidas por el Capitalismo, en su época de mayor crisis y decadencia, fueran realmente beneficiosas para el conjunto. De hecho, quienes critican nuestra elaboración han dejado de creer en una de las premisas fundamentales del marxismo, que es la que explica que las "fuerzas productivas han dejado de crecer". ¡Si es cierto lo que afirman Marx, Engels, Lenin y Trotsky, al menos habría que tener ciertos reparos en cuanto a los productos de la industria farmacéutica!

En ese sentido, nosotros partimos de asumir algo que la izquierda, mayoritariamente, no comprende o no quiere comprender: ¡La ciencia oficial, financiada por los monopolios imperialistas, está “contaminada” desde su origen, porque los dueños de las corporaciones no la promueven para alcanzar la “felicidad del conjunto”, sino para satisfacer lujos y placeres de una pequeña porción de la sociedad, que vive así gracias a la súper explotación de millones de trabajadores y trabajadoras!

A pesar de que en su época de ascenso, la burguesía incentivó el desarrollo de la ciencia y la técnica como nunca había ocurrido en la historia humana, ya dejó de jugar ese papel, porque la misma sed de ganancias -que la empujó a desarrollar las fuerzas productivas- actualmente la lleva a frenar su desarrollo, limitando cualquier avance en ese sentido.

Esto, que también ocurre con la ciencia de la salud, lo explica el epidemiólogo Jaime Breilh [1] La gestión capitalista reconoció tempranamente en la epidemiología una fuente potencial de conocimiento de la realidad y por eso la ha mantenido a la diestra, con un ojo puesto encima para evitar que supere la rutina estadística, la miopía ecologista que obnubila su visión de la salud colectivaDe acuerdo a este científico, lo que predomina es un punto de vista positivista, que apunta a estudiar -por sobre todo- los aspectos más formales y observables a simple vista. 

La ciencia debe renunciar a penetrar en la esencia de las cosas, limitándose a descubrir el aspecto externo de los fenómenos reduciéndolos al menor número posible de vínculos exteriores, en atención en su semejanza y sucesión.” (Auguste Comte) El positivismo ha producido avances en la ciencia, que no pueden negarse, como dice el propio Breilh: ¿Quién podría negar en el caso de la epidemiología la utilidad de los descubrimientos micro-bacteriológicos, de los avances de la inmunología? Sin embargo, estos tienen un límite: el conservadurismo de la clase que los conquistó. 

¡La burguesía, en su época de retroceso, se ha convertido en el gran escollo a la hora de superar el terreno que conquistó anteriormente! Por esa razón, los científicos que trabajan para los capitalistas, aun contando con una parafernalia tecnológica tremenda y extremadamente costosa, cuando encaran el estudio de este u otros virus -buscando remedios para combatirlos o limitar su actividad- se concentran en estos, sin levantar la vista de manera de analizar el organismo social que los generó y dentro del cual se desarrollan y multiplican.

Esta manera de encarar el problema, es según Breihl, la columna vertebral de la praxis científica burguesa, de su “irracionalidad”. Mientras existan hombres la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionarán recíprocamente. (Carlos Marx) Por eso, para lxs marxistas, no se podría separar al análisis de la peste negra -que asoló Europa cientos de años atrás- sin relacionarla con la sociedad medioeval en la que apareció y creció.  

Tampoco se podría entender la mal llamada “Gripe Española” -que no surgió en la península ibérica, sino en un campamento militar de Kansas- que mató entre 50 y 100 millones en 1918, sin ubicarla dentro del gran acontecimiento que cruzó al mundo en ese período, la Primera Guerra Mundial. En primer lugar, porque la contienda ayudó a extender la enfermedad, debido al movimiento de tropas que cruzaban el océano en barco y se instalaban en grandes campamentos en el viejo continente.

Partiendo de esta realidad y de las condiciones de hacinamiento, hambre y falta de higiene propias de una guerra, existió otro elemento que condicionó la evolución del virus, colaborando con su evolución: ¡La corta expectativa de sus huéspedes, los jóvenes soldados, que caían en la guerra “como moscas”!. Para sobrevivir en ese contexto, el virus se vio obligado a mutar, acelerando su período de maduración, que le posibilitó saltar rápidamente de un organismo a otro, cada vez que sus huéspedes primarios caían muertos por las balas o las bayonetas del enemigo. ¡Esta característica, lo hizo aún más violento que cuando nació![2]

Sin tener en cuenta estas condiciones externas, -sin e qua non (sin las cuales no)- la Gripe Española no habría alcanzado semejante grado de letalidad. ¡Es que todo lo que vive tiene un marco, que lo condiciona y determina! Esto quiere decir que no existen formas de combatir eficazmente al coronavirus o a cualquier otra peste, sin actuar sobre el contexto en el que actúa, que en la actualidad significaría enfrentar en serio a las consecuencias más nefastas de un Capitalismo, que en su momento de mayor crisis, enferma todo lo que toca.

La OMS, lobistas de los laboratorios y aprendices de brujería

La Organización Mundial de la Salud, OMS, que regula las políticas de investigación y profilaxis del coronavirus y otras enfermedades, no se apoya en este método, razón por la cual sus conclusiones son limitadísimas o directamente contrarias a la resolución del problema. Una parte central del contexto que condiciona a la OMS y los ministerios de salud de los países, tiene que ver con los intereses de los grandes laboratorios, que lucran con las desgracias humanas, vendiendo todo tipo de productos, que aunque inútiles son muy rentables. 

Cuando analizamos las formas económicas no podemos servirnos del microscopio ni de reactivos químicos, la facultad de abstraer debe hacer las veces del uno y del otro[3]. Como marxistas, o bien personas que partimos de un análisis de la totalidad, su movimiento y contradicciones, debemos partir de una premisa: ¡Este virus, aunque es casi tan inocuo como una gripe común, tiene, en cierto sentido, un mayor grado de peligrosidad que los anteriores, aunque, ya que contaminó a un organismo -el sistema capitalista mundial- que está sufriendo las consecuencias más dolorosas de una enfermedad terminal llamada Crisis!

Cuando explotó la Gripe Española, las clases dominantes escondieron la noticia, con el propósito explícito de “no desmoralizar” a las tropas que combatían al enemigo en las trincheras, pero además  para evitar acciones de protesta, como las movilizaciones que explotaron en Buenos Aires y otros puntos, reclamándole medidas sanitarias al gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. En nuestro país, según datos oficiales murieron cerca de 20000 personas, aunque se estima que fueron más.

En las actuales circunstancias, la burguesía mundial vuelve a actuar de manera parecida, aunque en vez de ocultar la noticia, exagera la peligrosidad del patógeno, con el propósito claro de asustar al movimiento de masas, no sólo para incentivar la venta de sus productos -vacunas, principalmente- sino para desmovilizar a las masas, ya que el ascenso obrero y popular conduce irremediablemente a grandes rebeliones que cuestionan a los de arriba. ¡A la censura de prensa -que objetivamente se impuso en términos globales- se la agregó un intento inédito de imponer el estado de sitio mundial, que fracasó debido a la movilización de las clases trabajadoras y los pueblos!

Los capitalistas, empujados por el pánico atroz a la insurrección de los y las de abajo, pusieron cuarentena a prácticamente todo el planeta, una medida que lejos de ayudar a contener y acorralar al virus, le otorgó una peligrosidad más grande que en otras circunstancias no habría tenido. ¡Nuevamente, el contexto, la terminó dando significado a una de sus partes!

Sin embargo, la letalidad del Coronavirus no está ligada a los efectos directos del mismo, que son, como hemos dicho más arriba y tal como lo demuestran las cifras, más que limitados. El problema es que, millones sufren y continuarán sufriendo gravísimos problemas en su salud, tanto a nivel físico como mental, debido al stress social que produjeron los confinamientos y la gigantesca campaña de terror propalada por los medios, un combo que deterioró hasta al paroxismo las defensas naturales de las personas, que son, por lo general, más que suficientes para enfrentar este tipo de patógenos.

A esta realidad hay que agregarle que los planes de ajuste impuestos al calor de la “pandemia”, que significan la reducción de los sueldos, la liquidación de conquistas históricas, la creación de un ejército monstruoso de desocupados y desocupadas, etc., atenta más que directamente contra la salud del conjunto. ¡Por lo tanto, el “síndrome post traumático” de esta guerra, perdida de antemano por la burguesía y sus lacayos, adquirirá características nefastas!

Para enfrentar y derrotar al coronavirus, como a cualquier otra enfermedad, se necesitan análisis y políticas socialistas, atendiendo al cuerpo social enfermo que les da lugar y les permite extenderse. Para eso, hay que acabar definitivamente con el sistema capitalista mundial, reemplazándolo mediante una revolución obrera y popular, por otro mucho más sano y vital, una sociedad socialista, donde todo lo que se haga y produzca sirva para satisfacer las necesidades de las mayorías y no, como ahora, de unos pocos privilegiados.


[1]Crítica a la interpretación capitalista de la epidemiología. Un ensayo de desmitificación del proceso salud-enfermedad.

[2]LA PANDEMIA DE GRIPE DE 1918:

Un caso de subsunción de lo biológico en lo social Liliana Henao-Kaffure 1

Universidad Nacional de Colombia

Mario Hernández-Álvarez 2

Universidad Nacional de Colombia

[3]Marx

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