La carta de la jefa, la crisis turca y la catástrofe que se avecina


Por Damián Quevedo

En un cuento clásico de Edgar Allan Poe, el protagonista investiga la desaparición de un documento diplomático, una carta, aparentemente robada. Sin embargo, al final de la investigación descubre que estuvo siempre estuvo a la vista de todo el mundo, o, mejor dicho, de quien quisiera mirar. La trama política de este país no tiene el vuelo del autor de El Cuervo, pero las cartas están a la vista de todo el mundo y la situación es, para el que quiere ver, más que evidente.

Cristina Fernández envió otra misiva al presidente de la Nación, desentendiéndose de la búsqueda del gobierno de un acuerdo con el FMI. La vicepresidenta, deja entender sin decir mucho, que no aprobaría el plan "plurianual" presentado por el ejecutivo (del que es parte), que esencialmente significa firmar las paces con el organismo internacional. Una jugada parecida a la que, semanas atrás, hizo La Cámpora, acompañada por la claque de los movimientos sociales adictos y la dupla Hebe de Bonafini y Boudou, con un acto de pseudo rechazo al Fondo Monetario.

Una de las cosas que queda clara de la nueva carta de la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner es que no quiere que le endosen ninguna responsabilidad particular en el acuerdo que el Gobierno pueda llegar a alcanzar con el Fondo Monetario Internacional para renegociar los USD 43.200 millones que la Argentina aún le debe al organismo internacional[1].

Lo que busca Cristina Fernández es tomar distancia de la catástrofe en ciernes, ya que ni siquiera el Fondo está desesperado por un acuerdo. ¡El gobierno, sí, también la oposición patronal, que ve cercana la posibilidad de ser gobierno en el 2023! El kirchnerismo, en cambio, prefiere quemar las naves, porque sabe que no tiene posibilidades para el 2023 y ya logró buena parte de sus objetivos, como los sobreseimientos a Cristina en las principales causas que pesaban sobre ella y su familia, dictámenes de dudosa legalidad y con mucho olor a favor político.

En un sentido, Cristina y su banda hoy pueden apostar al estallido del gobierno, aunque no tienen diferencias políticas ni ideológicas con Alberto Fernández las otras bandas que conducen los ministerios, secretarias y demás. Tampoco tienen discordancias en ese plano con el Macrismo, ya que para todos y todas pagarles a los usureros internacionales, y nacionales, no es otra cosa que una “política de Estado”. Los partidos patronales buscan solamente que el costo político de ese tipo de decisiones lo paguen sus competidores.

Argentina está en camino a un colapso económico, la caída de reservas del BCRA y la imposibilidad de frenar el dólar y la escalada inflacionaria. El freno a las compras de pasajes para los vuelos internacionales -con tarjetas de crédito dolarizadas- es una medida que, de extenderse a otras transacciones, apunta en una sola dirección, otro “corralito”, que lejos de resolver los problemas los tira para adelante, agravándolos.

Las maniobras del kirchnerismo o la zaraza de Martín Guzmán no cambiarán la realidad desfavorable que sufre la economía nacional, porque el marco internacional la condiciona de manera directa. La reciente crisis en Turquía, con la devaluación de la lira, es un anuncio del futuro cercano para Argentina. Es que ese país, debido a que tiene características similares al nuestro, siempre mostró de forma adelantada las crisis locales.

Las empresas públicas y privadas de Turquía están endeudadas en más de USD 300.000 millones en divisas o con mecanismos de conversión y garantía. A la vez, hasta octubre, el Banco Central turco dilapidó decenas de miles de millones para defender en vano la lira y recurrió a varios canjes de moneda (el último, uno de USD 15.000 millones con Qatar), pero ya no logra esconder que sus “reservas netas” son negativas, algo que -teniendo en cuenta la reciente y polémica medida sobre tarjetas de crédito- muchos sospechan podría suceder pronto en la Argentina[2].

La izquierda es la fuerza política que puede dar respuestas positivas, para los y las de abajo, ya que es el único sector que rechaza realmente cualquier acuerdo con el FMI, alegando algo más que simple: ¡No existe en la historia del mundo un acuerdo beneficioso para ningún pueblo! El pago “religioso” de la deuda externa, la misma que el kirchnerismo pagó sin chistar, significará, no quedan dudas al respecto, más ajuste y saqueo para garantizar los fondos que reclaman las entidades de “crédito”.

La asamblea abierta convocada por el FITu, que tuvo lugar en Parque Lezama horas atrás, puede ser, si se mantiene y organiza un verdadero plan de lucha nacional, un paso importante en la centralización de la resistencia, con la perspectiva de gestar un nuevo Argentinazo. Una rebelión potente, que no solo acabe con el ajuste sino que dé lugar a una salida de fondo, el gobierno de los trabajadores y el pueblo, asentado en sus asambleas y demás órganos de decisión directa. 


[1] Infobae 27/11/2021

[2] Infobae 27/11/2021

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