A un año de la muerte de Maradona

Por Juan Giglio

Un año atrás murió el “Diego” y todos nos conmovimos, porque el fútbol es el deporte más visto y jugado en nuestro país y porque Maradona trascendió el deporte para convertirse en una figura mucho más que "deportiva". Por lo tanto, fue más que imposible sustraerme a semejante acontecimiento, a partir del cual se me aparecieron muchos recuerdos relacionados a su imagen. 

¡Cómo olvidar, cuando en medio de la guerra entre kurdos y Estado Islámico, tuve la oportunidad de presenciar un “picadito” jugado por jóvenes guerrilleros del PKK en la heroica ciudad de Kobane! Estos pibes, que se reían a más no poder, eran los mismos que horas antes habían derrotado, con una fiereza inigualable, al Estado Islámico en la colina de Mistenur.

Ese mismo día, cuando detectaron que yo sabía algo de fútbol, porque me vieron haciendo “jueguito” con una pelota, uno de estos jóvenes se me acercó para preguntarme quién era y de dónde venía. Más fácil que contestarle en inglés, el mío es muy malo, recurrí a un código “universal”, el de explicarle que era del “país del Che, Messi y Maradona”.  

Otro camarada argentino, que había viajado al reducto del PKK, en las montañas de Qandil en Irak, me contó que cuando abandonó la zona, y se vio obligado a viajar haciendo “dedo” en el medio del desierto, un camionero -después de horas infructuosas de practicar el auto stop- lo levantó inmediatamente después de que le dijo la palabra "mágica": Maradona.  

Soy uno de los millones que se regocijó con el gol a los ingleses, "el barrilete cósmico" que como nadie relató Víctor Hugo Morales. ¡Cómo no conmoverme frente al sentimiento de aquellos y aquellas, que a pocos metros de la morgue en la que le hicieron la autopsia a Maradona, cantaban “el que no salta es un inglés…”!

Sin embargo, como marxista también tengo la obligación de ubicar al personaje en su contexto, en la sociedad de clases en la que vivió. Allí, Maradona no fue ningún “líder” de los pobres, como quisieron y aún quieren considerarlo ciertos plumíferos “nacionales y populares”. Maradona, el que abusó de varias mujeres, incluso niñas, jugó para el equipo de los ricos, apoyando fervientemente a los defensores del Sistema Capitalista, como Menem, Néstor, Cristina, Fidel Castro o Hugo Chávez.

No coincido con las declaraciones que un año atrás hicieron ciertos sectores de la izquierda: La historia es tan buena que no es lineal, y Diego no es siempre el héroe: muchas veces es contradictorio, por momentos es frágil, varias veces duda, en ocasiones es el villano, se equivoca y pide perdón, otras veces se equivoca y mira para otro lado. Es tan parecido a nosotros y nosotras que está metido en nuestras vidas, en la de todos y todas, aun en la de quienes no lo quieren o lo valoran unilateralmente sólo por sus errores y sus puntos débiles.

En este juego se lo considera un D10s pese a que nadie lo considera un santo. Nadie esconde debajo de la alfombra, ni siquiera él, episodios de machismo, relación contradictoria con hijos e hijas, con parejas y exparejas. No es considerado ídolo por nada de eso, es una dimensión de su vida imposiblemente privada. Todo el mundo la conoce, pero es su entorno (hijos, hijas, parejas, exparejas) el que dará sus veredictos. (La Izquierda Diario, nota de Augusto Dorado, 25 de noviembre 2020)

Vale recordar que Maradona fue un ferviente admirador del Che Guevara (tenía un gran tatuaje suyo). Además de ser Cuba un país donde logró importantes mejoras en su salud, Diego hizo suya mucha iconografía relacionada al comunismo como idea de cambio en un mundo capitalista atestado de injusticias, desigualdades y crímenes atroces contra las poblaciones trabajadoras y pobres. Algo que, objetivamente, chocaba con los preceptos y la cosmovisión de la Iglesia católica. (La Izquierda Diario, Daniel Satur, 25 de noviembre)

Maradona no tuvo una conducta contradictoria, siempre tiró para el mismo lado, apoyando a los capitalistas. Ni siquiera fue como René Houseman, otro inolvidable ídolo del fútbol, que vivió hasta su muerte en la misma villa en la que nació. El "loco" lo despreciaba, tanto a él como a sus amigos mafiosos, tratándolo de "gordo vigilante..." 

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