No regalarle bandera de la libertad a la derecha ¡Una obligación de izquierda!

Por Juan Giglio

La política de estado de sitio, bajo el nombre de cuarentenas o confinamientos, impuesta por la OMS y los grandes laboratorios, fue resistida de forma masiva por los trabajadores y los pueblos de todo el mundo. La razón es más que sencilla: el encierro no sólo afectó a millones de precarizados, que se quedaron sin ningún sustento, sino que atacó uno de los derechos básicos del conjunto, como es su libertad.

De haber triunfado lo que desde nuestra corriente denominamos “Contrarrevolución Covid”, estaríamos viviendo una remake del “Gran Hermano” de Orwell, algo más que parecido a lo que Foucault denominó "biopoder". Según el autor de “Vigilar, castigar”, el soberano contaría con la autoridad de imponer leyes o castigos -así como de dar muerte- a los habitantes que no acataran sus reglas de salud, higiene, natalidad o raza.

Sin embargo, la lucha por la libertad, despreciada por buena parte de la izquierda que piensa que esa consigna es propia de los “liberales” o incluso fascistas, primó. A tal punto, que los gobiernos se han visto obligados a flexibilizar las restricciones, o directamente a anularlas, como sucedió en Argentina. ¡La decisión del “epidemiólogo” mayor, el nuevo jefe de gabinete Manzur, que decretó en los hechos la culminación del Covid, va para ese lado!

Desde el gobierno sacaron la conclusión de que la mayoría repudió los confinamientos, a pesar de la campaña de terror propalada por el oficialismo, la oposición patronal, la burocracia y casi toda la izquierda. La clase obrera y el pueblo entendió, mayoritariamente, que todo lo que hacían los de arriba no sirvió para "cuidarlos", sino para joderlos, como han hecho siempre.

Por eso, los analistas de uno y otro costado no terminan de comprender por qué un personaje circense como Milei, que hasta hace poco no movía el amperímetro, haya sacado tantos votos. ¡El sólo hecho de mostrarse como “libertario” y de hablar de la "libertad", le hizo ganar los puntos que otros perdieron. El castigo recibido por el gobierno demuestra lo mismo, aunque por razones contrarias!

La pérdida de libertad significó no solo la liquidación del derecho a circular libremente, sino la liquidación de millones de puestos laborales, la destrucción de relaciones humanas y el deterioro cualitativo de la salud de amplias capas de la población. Todo esto debería ser educativo para quienes pretenden cambiar la sociedad de manera revolucionaria. 

Las conducciones de los partidos de izquierda deberían darse cuenta de esto, a riesgo de ser pasados por encima por las circunstancias. ¡La principal conclusión que tendría que sacar es la de no regalarle la bandera democrática a la derecha! La lucha por la libertad deben ser esencial, comprendiéndola no como un slogan electoralista, sino como una de las banderas fundamentales con la que se debe disputar la conciencia obrera y popular.

Es que el futuro que proponemos no es otro que el del “Reino de la libertad”. Así lo entendió Carlos Marx, que explicó la dictadura proletaria no como fin, sino como transición hacia ese otro objetivo, que es el estratégico: ¡El que servirá para que los seres humanos se hagan cargo de su propia historia, dejando de ser dominados por su productos más miserables!

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