La crisis no se cerró con el cambio de figuritas en el gabinete


Por Damián Quevedo 

La imposición de un nuevo gabinete por parte de Cristina Fernández no cierra la crisis política abierta con las elecciones. La ruptura en el Frente de Todos, es decir en el peronismo, es irreversible, por lo menos en estos dos meses que faltan para las elecciones generales y para lo que quede de mandato de Alberto Fernández. 

De las cabezas que pidió Cristina Fernández, rodaron todas menos la del ministro de economía, Martín Guzmán, a pesar de que es una pieza que quiere cambiar desde hace varios meses. El problema es que como tantas otras, esa decisión no está en manos de Alberto Fernández, ya que continúa en el cargo porque es quien negocia con el FMI.

Cristina Fernández aceptó que sacar a Guzmán pondría en riesgo las negociaciones, pero de igual manera la crisis política desatada por las elecciones, puso la negociación con el Fondo Monetario en un callejón sin salida.  

Ya meses atrás, cuando comenzó la campaña electoral, el kirchnerismo había presionado para frenar algunas de las medidas económicas que forman parte del acuerdo con el organismo internacional. No porque se oponga a la injerencia imperialista, sino porque -medidas como la quita de subsidios a la empresas energéticas y la liberación de las tarifas- llevaban a una catástrofe electoral. A pesar del freno al tarifazo, la catástrofe llegó igual y la relación con el FMI se tensó.  

Ahora, con un gobierno partido en dos o tres pedazos, que realiza cambios desesperados, los funcionarios del FMI saben que cualquier acuerdo firmado por Guzmán es un cheque sin fondos. Argentina debería pagarle al FMI 19.000 millones de dólares en 2022 y en el presupuesto enviado esta semana al Congreso no solo no prevé ese gasto, sino que además supone que recibirá de los organismos internaciones un financiamiento neto de USD 12.500 millones.  

Esta meta -para muchos economistas, inalcanzable-, implica que tanto el FMI como los bancos multilaterales le giren al Gobierno ese dinero, más allá del rollover habitual. O sea: exige que el país cumpla el nuevo acuerdo al pie de la letra, o se verá en la necesidad de buscar otras fuentes de financiamiento, difíciles de imaginar con el mercado internacional voluntario de deuda cerrado para el país. (Infobae 18/09/2021).  

La crisis política no se cerró, ni se cerrará mientras persista el estancamiento económico, eso excede al gobierno nacional, es producto de la situación internacional. Esto es lo que determina que en los próximos dos años, volveremos a ver temblores en la superestructura, pero también grandes movilizaciones y luchas por abajo.   

La realidad que atraviesa el peronismo es una herida mortal para el régimen, ya que es el partido patronal que sobrevivió al 2001 y el que hasta ahora podía garantizar el orden. Esta situación abre una oportunidad excepcional para que el movimiento obrero irrumpa de forma independiente, y obliga a la izquierda revolucionaria a ponerse a la cabeza de esa irrupción.  

Para eso el FITU debe hacer una campaña audaz, que vaya mucho más allá de las elecciones generales, llamando a pelear contra el gobierno para derrotarlo, como único camino para frenar el ajuste, al tiempo que debe señalar sin ambigüedades, que la única salida a la crisis es un gobierno de los trabajadores, basado en nuevas instituciones, en asambleas, la única salida a esta hecatombe económica y social es el socialismo.

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