Barbijo, ajuste y control social... un combo poco “sanitario”


Por Graciela Monaris

Más allá de que desde el gobierno anunciaron que el barbijo dejará de ser obligatorio en las calles, lo seguiremos usando, como seguimos soportando el ajuste. Ambas cosas fueron y son impuestas por los dueños del poder, no para “cuidar” nuestra salud -ya que científicamente está comprobado que no sirve para nada, salvo los más específicos y en ciertos espacios, como los hospitales- sino a modo de control social. ¡Los de arriba tratan, de esa manera, de uniformarnos, mostrándonos que todos y todas debemos actuar como ellos nos indican! 

El tapabocas, siempre fue más acertado nombrarlo así, no vino solo, vino motorizado junto con una reforma financiera, educativa y laboral, es uno de los elementos de justificación de las políticas sanitarias infames. Hemos dicho en una de nuestras notas que, el “simple” hecho de ponernos el tapabocas nos recuerda el miedo a la muerte, que es la “mercancía” del nuevo mercado. También es una forma de subordinación, parecida a la que les imponen a las mujeres en ciertas partes del mundo, tapándolas de arriba a bajo con sus burkas. 

Lo cierto es, que el uso de este NO protector de la salud, nos hace daño, porque provoca una disminución de nuestro sistema inmune -en lugar de fortalecerlo- lo cual es el verdadero aislante de un virus, pero también daña nuestra salud mental, nuestro espíritu que quiere hablar, expresarse, salir afuera, nunca taparse. ¡El tapabocas evita que afloren, a través de gestos, los sentimientos más nobles y, principalmente, que estos se transmitan y multipliquen en la multitud! En tanto continuamos usándolo como un mandato represivo, acompañado de engaños sanitarios para su legitimación, el ajuste se profundiza y nuestro salario decrece, se cae al vacío, provocando la desesperación en los hogares de los y las trabajadores. 

¿Seguimos usando el barbijo? ¿Seguimos soportando el ajuste y la entrada a las reformas de lxs poderosxs? La respuesta es la rebelión, la respuesta debería ser NO. Tendríamos que sacarnos este trapo, de la misma manera que lo hicieron las mujeres kurdas, que cuando se liberaron del Estado Islámico, tiraron las burkas por doquier. Cuando lo hagamos, debemos ganar las calles en contra de las políticas anti sanitarias del gobierno y en defensa de nuestra clase, la clase trabajadora. De lo contrario, dejaríamos la vía libre hacia el cambio mundial que nos empobrece, nos enferma y hasta nos mata. No somos robots, aunque nos quieran así. 

Hay más desocupación que Covid-19, hay y habrá muchos más muertxs por falta de atención en los hospitales que Covid-19. Hay menos educación de calidad, menos oportunidades, menos vivienda digna, crece la problemática habitacional, los alquileres suben y es, para la mayoría, imposible comprar un pedazo de tierra; no hay ánimo en los pueblos, hay bronca y ganas de transformarlo todo. 

Sabemos que el mayor problema de las masas es la dirección hacia donde deberían ir para garantizar su autodefensa, a través de la revolución social. En relación a esto, los y las revolucionarixs tenemos una gran oportunidad frente a la situación mundial, pero es imprescindible salir a decir estas cosas, generar los debates necesarios, incluso estos, más “pequeños”, como si corresponde o no seguir usando barbijos, porque stos, a su vez despiertan debates más profundos. Debemos dar las respuestas que los gobiernos y sus partidos lacayos no pueden dar, porque ni trampas económicas tienen ya, ni métodos pandémicos, porque son los pueblos los que están poniendo fin a la maniobra sistemática de la pandemia. 

El trotskismo argentino dio un salto en las últimas elecciones, poniendo al descubierto la bronca obrera y popular, canalizándola a través del voto de protesta más consciente, más allá de los erróneos caminos hacia donde dirigen sus tácticas. En suma, esto significa que existe, dentro de las bases, una búsqueda de salir del bipartidismo, uno de los pilares del sistema en muchos países, y ese síntoma no es de personas que no piensan, por el contrario. Hay una búsqueda. 

Por todo esto, cuando la rebelión avance, cuando los trabajadores y las trabajadoras terminen de sacar conclusiones, dándose cuenta que el “quedate en casa” que “te cuido” ha sido un verso fenomenal, en las movilizaciones contra el ajuste muchos y muchas comenzarán a quemar tapabocas, como símbolo de su liberación, un símbolo maravilloso de avance en su consciencia. Decir estas cosas es oportuno y hasta necesario, como es más que oportuno agitar consignas que nos sirvan para avanzar en la oganización y las luchas obreras, feministas, clasistas e internacionalistas. Somos en el mundo diferentes culturas con el mismo conflicto de raíz: un sistema que nos enferma.  Argentina: ¡rebélate! 

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Comentarios

  1. La civilización es una burlesca simiesca estupidez con barbijo y alcohol en gel. Qué mundo idiota.

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