Afganistán, la burbuja China y un horizonte de pleno de rebeliones


Por Damián Quevedo

La burbuja inmobiliaria en China, no es solo un problema surgido del endeudamiento masivo, es fundamentalmente producto del estancamiento de las fuerza productivas del gigante asiático, en el contexto de la crisis económica mundial. El capitalismo, en su fase imperialista, ha llegado a un grado de entrelazamiento y vinculación entre capitalistas de diferentes ramas de la producción, con el capital financiero, que es imposible que cualquier sismo en un sector, no tenga repercusión en el resto.

Por eso mismo, luego de la crisis de Lehman Brothers quebró General Motors, siendo esta la confirmación tajante de que no se trataba sólo de una burbuja financiera, sino que su explosión estaba ligada a una crisis más profunda, ubicada en las entrañas de la producción capitalista. Hoy sucede lo mismo con Evergrande: su estallido llevará a la quiebra a decenas de empresas constructoras, bancos y muchos otros sectores del capital, involucrando socios, deudores y acreedores. 

Es por eso que los marxistas partimos del análisis general, para llegar a entender un hecho que a simple vista aparece como particular y aislado, pero cuyas causas y evolución no se pueden explicar seriamente si no se comprenden sus vínculos y relaciones con otros acontecimientos, incluso cuando estos suceden en regiones alejadas en el planeta, como Afganistán.  

La inmensa derrota de EEUU esa zona del mundo, como lo señalamos en notas anteriores, tiene consecuencias globales, por ejemplo en cuanto a las migraciones, cuyo incremento, tanto en Europa es uno de los problemas más serios para sus finanzas. Esta realidad también afecta necesariamente a la economía China, que tiene una gran parte de sus intereses en el continente europeo, hacia donde trata de avanzar a través de la nueva "Ruta de la Seda", que no casualmente pasa por Afganistán.  

En 2013, el presidente chino, Xi Jinping, propuso la creación de una nueva Ruta de la Seda. En realidad, serán dos: una terrestre y otra marítima, que unirá 60 países, y –con cifras aproximadas– el 70% de la población mundial, bastante más de la mitad del PBI mundial y el 75% de las reservas de energía del mundo conocidas hasta ahora. (La Nación, 18/12/2019).  

Este proceso que va camino a otra depresión generalizada, superior al crack del 2008, sienta las bases para que el mundo ingrese a un período pre revolucionario. La Primavera Árabe fue el fruto de aquella crisis, que ubicó a Medio Oriente como centro de las rebeliones. Hoy, el ojo del huracán está en China, uno de los países con la clase obrera más numerosa del mundo y, además, una de las más combativas a pesar de la represión del régimen estalinista que cubre el capitalismo chino.  

Marx en 1850, luego de que la clase obrera francesa fuera aplastada salvajemente, después de la insurrección de 1848, sostenía que a pesar del desánimo que esa derrota había imbuido en el proletariado francés, mientras las fuerzas productivas continuaran estancadas los comunistas debían seguir llamando a la rebelión, porque esas era y son las condiciones materiales que la posibilitan.  

Esta premisa se confirmó varias veces en la historia, razón por la cual seguimos insistiendo en que la crisis de hoy dará lugar a rebeliones mucho más extensas y profundas que las que vimos en estos años. Las elecciones en Argentina no estuvieron al margen de ese proceso incipiente, aunque la protesta se canalizó, por ahora, por esa vía. Probablemente suceda lo mismo en noviembre, situación que debe ser aprovechada por los y las socialistas para sembrar las ideas de la revolución. 

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