Afganistán, pase sanitario y fin de la democracia burguesa


Por Damián Quevedo

Los Estados de la Unión Europea buscan -de manera acelerada- la implementación de restricciones al ingreso de inmigrantes. Como señalamos en notas anteriores, la llamada Green Card es en definitiva un pasaporte social que les permitirá a los capitalistas establecer quienes son visitantes aceptables y quienes no, quienes son están “sanos” o “apestados”. ¡Esta posibilidad, en manos de los de arriba, será, si se consolida, un arma fenomenal contra los de abajo!  

España es uno de los países a la cabeza de los controles migratorios. Los turistas argentinos que quieran viajar a España sólo podrán ingresar si hubieran recibido las dos dosis de alguna de las vacunas contra el coronavirus admitidas por la Unión Europea (UE) o la Organización Mundial de la Salud (OMS), que no pueden ser combinadas con otra no aprobada, según informó la Embajada de ese país en Argentina. (Página 12, 25/08/2021).  

No es casual que este tipo de herramientas aparezcan en estos tiempos, cuando el excedente poblacional es una de las manifestaciones de la crisis. Justo cuando la migración masiva de millones de desposeídos incrementa los problemas sociales de los países centrales, debido al aumento de una fuerza de trabajo que no puede ser absorbida por el capital. ¡Lo que se termina produciendo es un aumento enorme de la desocupación y la marginalidad!  

España es, junto con Grecia, un país imperialista con un desarrollo mucho menor que el de las otras potencias, que la coloca a la saga en la carrera por salir de la crisis. ¡Es justamente por eso, que este país está fuera de competencia en el multimillonario mercado de vacunas, teniéndose que conformar, como la mayor parte del mundo, a comprar lo que otros producen!  

La salida de Estados Unidos y sus aliados de Afganistán acelerará la crisis europea, ya que aumentará el proceso migratorio. Sus gobiernos, en primer lugar los más débiles, tendrán que endurecer los controles, valiéndose del relato sanitario. Este proceso provocará una mutación trascendental en los regímenes políticos, ya que la democracia representativa, tal como es actualmente, no les servirá a los capitalistas para afrontar semejante desafío.  

La democracia burguesa es un anacronismo histórico, que en medio de esta crisis y con la contrarrevolución Covid de por medio, se transformó en un cadáver político, que los capitalistas están tratando de sepultar. ¡La clase obrera, con sus métodos, liderando a todo el pueblo pobre, debe cumplir esta tarea antes que la burguesía, acabando con este régimen y dando lugar a otro, donde se practique la democracia directa, a partir de las asambleas de las fábricas, las escuelas y los barrios!  

La situación pre revolucionaria en curso empuja la polarización de las clases sociales en pugna, la radicalización política y metodológica, colaborando con esta perspectiva. La democracia representativa es un régimen propio del capitalismo naciente. Hoy, el modo de producción burgués está en su período de agonía, lo que significa, que para mantenerse en pie, requiere instituciones mucho más represivas que les permitan a los grandes eliminar rápida y expeditivamente a los que no estén en condiciones de sobrevivir a la crisis. ¡Que les sirvan, también, para aplastar al movimiento de masas!  

Por estas razones, cuando los dueños del mundo hablan de volver a la normalidad, no se debe creer que las sociedades volverán a las condiciones previas a la pandemia, sobre todo a la situación anterior a la crisis económica. Es muy poco probable el retorno a ese pasado reciente, sencillamente porque las condiciones sociales que lo permitieron y justifican ya no existen.  

Entonces, como lo venimos señalando, es una necesidad urgente que la izquierda revolucionaria comprenda esta nueva situación y se rearme política y programáticamente, convocando con fuerza a la clase obrera a cumplir con su tarea histórica, la de enterrar al capitalismo evitando que los regímenes se conviertan en lo que estos pretenden: monstruosas herramientas al servicio del control y la represión social.  

Con lo que desde nuestra corriente internacional hemos denominado “Contrarrevolución Covid”, los imperialistas comenzaron a dar pasos en esa dirección, que provocaron crisis, miseria, desocupación y todo tipo de penurias para los de abajo, colaborando con la explosión de nuevas y más potentes rebeliones. ¡Las condiciones para el triunfo de revoluciones nacionales de carácter socialista, están más que maduras, solo queda aprovecharlas! 

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