La crisis del capitalismo avanza, a pesar de la "locomotora" vacunatoria


Por Damián Quevedo 

A pesar del enorme negocio de las vacunas, que impulsó a un sector del capital, este ha sido insuficiente para constituirse en motor de la economía mundial, porque los beneficios -hasta ahora- se reducen a las empresas farmacéuticas y a las de tecnología y plataformas digitales. La particularidad del crecimiento de este sector, al igual que luego de la Segunda Guerra, es que son los estados los que garantizan las ganancias burguesas. Esta situación aumenta la crisis fiscal y los procesos de endeudamiento público, que crecen al ritmo de la compra de vacunas. 

La crisis persiste, más allá del Covid, aunque agravada por éste, que aceleró un proceso de caída que, aunque no hubiera surgido el virus, se mantendría constante. El Producto Interno Bruto (PIB) mundial sufrió en 2020 su caída más pronunciada desde el final de la Segunda Guerra Mundial, millones quedaron desempleados o sus puestos suspendidos, y los gobiernos inyectaron billones de dólares en sus economías para evitar daños mayores. Sin embargo, la recuperación de 2021 es muy incierta. La economía de China está creciendo con fuerza nuevamente, pero es posible que muchas de las naciones más ricas del mundo no se recuperen por completo hasta 2022, considerando una estimación temprana. (BBC News).  

Otras potencias, como Estados Unidos, no muestran una mejor perspectiva, ya que se requiere mucho más, dentro de la dinámica del capitalismo, para que exista un nuevo ciclo de expansión y de acumulación. La crisis no impide que algunas fracciones burguesas crezcan, incluso de forma más acelerada que en años normales, como el caso de la industria farmacéutica, aunque la tendencia general es que el resto de los capitales desaceleren su expansión o estén frente a un nuevo freno del proceso de acumulación.  

En definitiva, esta es una situación en la que las fuerzas productivas, es decir la capacidad de la sociedad para satisfacer sus necesidades transformando la naturaleza, están estancadas o, más bien, en franco retroceso. Esta condición, es para los marxistas el principal elemento de análisis a la hora de caracterizar la existencia de una situación revolucionaria, que al combinarse con la radicalización obrera, vuelve a la realidad más que explosiva.

Son estas condiciones las que impulsan a la clase obrera y los pueblos oprimidos a rebelarse por todo el mundo, el principio de una nueva oleada revolucionaria que hoy tiene su epicentro en Cuba. Más allá de las condiciones particulares de ese país y de su dictadura, esta dinámica de rebeliones se esparcirá por todo el continente americano. Para eso debemos prepararnos los revolucionarios y las revolucionarias, que tendremos que aprovechar todas las oportunidades para agitar las banderas del Socialismo

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