Por Musa Ardem
Acaban de realizarse
las elecciones en Irán, en las que triunfó Ebrahim Raisi, candidato que desde
el propio régimen han caracterizado como “ultra-conservador”. Nacido en
noviembre de 1960 en la ciudad santa de Mashad (noreste), Raisi fue
nombrado fiscal general de Karaj, cerca de Teherán, con tan solo 20 años, tras la
caída del Sha, Reza Pahlevi, en 1979.
Desde ese momento ha
formado parte del engranaje judicial, como fiscal general de Teherán desde 1989
a 1994 y jefe adjunto de la Autoridad Judicial, entre 2004 y 2014, año en el
que fue designado fiscal general del país. En 2016, el “guía supremo”, Alí
Jamenei, colocó a Raisi al frente de la poderosa fundación caritativa
Astan-e Qods Razavi y tres años después, lo nombró jefe de la autoridad
judicial.
Raisi, que continuará
manteniendo las restricciones a las libertades democráticas y las políticas
represivas contra las disidencias, que incluye la horca para quienes son
declarados “enemigos de Dios”, tiene un pasado oscuro, ya que fue uno de los
responsables de las ejecuciones llevadas adelante contra ,ás de 30.000 detenidos
-muchos de ellos marxistas o de izquierda- en 1988, cuando fue vice-fiscal del
tribunal revolucionario de Teherán.
Partidario de la
mano dura frente a las movilizaciones, Raisi declaró en 2009, cuando explotó el
“Movimiento Verde”, con masivas demostraciones de repudio al régimen, que “A quien nos hable de ‘compasión islámica y
de perdón’, le respondemos: vamos a seguir enfrentándonos a los alborotadores
hasta el fin y eliminaremos de raíz la sedición”. Esa misma actitud es la
que ha demostrado muchas veces, enviando a la horca a cientos de activistas
kurdos.
Irán, como el resto de los países de Medio Oriente, es capitalista, dependiente y gobernado por dictadores que defienden este status, de características semi-coloniales. Sin embargo, la explosión de la Primavera Árabe, a pesar de su retroceso -debido a las masacres perpetradas por al Assad y sus cómplices ruso/iraníes- puso en el tapete la necesidad de acabar con estas dictaduras, reemplazándolas por gobiernos de los trabajadores y los pueblos oprimidos, tarea que debemos impulsar quienes defendemos las banderas del Socialismo.

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