Por Sasha
“Parir en el monte”, esto parece incoherente,
irracional hasta incluso imprudente, si consideramos el siglo en el que
vivimos, pero una vez más el estado nos muestra su verdadera cara, evidenciando
que responden a los intereses de unos pocos a costa del sufrimiento de muchos.
A mediados del mes de marzo, un medio
televisivo, dejó al descubierto la durísima realidad que atraviesan más de 70
mujeres pertenecientes a pueblos originarios, en Formosa. Esta provincia ha
sido noticia de primera plana de varios medios periodísticos, por las medidas
restrictivas adoptadas por Gildo Insfrán para “prevenir” el contagio de covid
en esa región. Las mismas que han sido elogiadas por Alberto Fernández, lo cual
es repudiable, porque constituyen una violación sistemática de los derechos
humanos.
En la actualidad, en El Potrillo, un pueblo
que se encuentra a unos 700 km al oeste de Formosa capital, mujeres embarazadas
de la comunidad wichi se encuentran escondidas del gobierno de Insfrán por
miedo, alejadas desde hace meses de sus familias, viviendo hacinadas en chozas
improvisadas con nylon, sin acceso a ningún tipo de alimentación apropiada ni
agua potable.
Estos atropellos contra sus derechos ocurren
hace décadas y se acentuaron con la cuarentena eterna que rige en la provincia.
Estas mujeres denuncian a cara cubierta, por temor a represalias, que son
víctimas de “redadas”, así es como las llaman ellas, en donde la policía se
hace presente en las comunidades, irrumpen en sus hogares y se los llevan para
hisoparlas.
En este contexto, también se llevan a las
mujeres que tengan un embarazo avanzado, las cuales al llegar al hospital son
forzadas a tener a sus hijos, por medio de una cesárea y posteriormente
separadas de ellos, ya que, al no encontrarse en un embarazo a término, los
bebes necesitan ser trasladados a neonatología y sus madres son derivadas a los
centros de aislamientos por 14 días o más, sin justificación alguna.
Todo esto evidencia la violencia obstétrica e
institucional a la que son sometidas y una vez más el estado del que nada se
espera, nada hace para garantizar sus derechos y los de sus hijos. Los pueblos
originarios son los más vulnerados por este estado capitalista, especialmente
las mujeres a las que se les ha negado el derecho inalienable del parto
humanizado.
Ante esta realidad, desde la izquierda y los
sectores combativos o feministas debemos solidarizarnos con las mujeres
reprimidas por el régimen feudal de Formosa, levantando con más fuerza la consigna
que resuena por las calles y los pueblos de esa zona: ¡Fuera Insfrán!

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