Con Alberto prácticamente destituido, el régimen cruje y las luchas avanzan


Por Damián Quevedo y Juan Giglio

Este 24M, a través de un discurso de Cristina Kirchner, se expresó con crudeza una situación que viene desarrollándose desde hace meses, que en un sentido parece ser la resolución de la pelea -de público conocimiento- entre el kirchnerismo y el sector del gobierno que respondería más directamente al presidente Fernández.

En la jornada del 24, en un acto proselitista, el discurso y la escena que montó la vicepresidenta acentuaron la incomodidad en un gabinete donde impera el desánimo y el estrés. Con dos frases bombardeó las negociaciones que Martín Guzmán encaraba en ese momento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington y ridiculizó las promesas de pago que le hacía por Zoom Alberto Fernández al presidente del Banco Mundial, David Malpass.

En la primera fila la aplaudía con obediencia militar y una sonrisa que se dibujaba bajo el barbijo el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, en estas horas el personaje más irritativo para los habitantes de la Casa Rosada[i].

Este tipo de disputas no explotan por diferencias políticas y mucho menos por la discusión de modelos económicos contrapuestos, son riñas entre camarillas o bandas que en un año electoral pretenden continuar disfrutando los privilegios de ocupar cargos en el aparato estatal. El problema para el régimen, que con estos hechos se debilita. ¡Las palabras de CFK legitimaron, en los hechos, la destitución de Alberto Fernández!

Queda claro, que aunque él continúa siendo formalmente quien ocupa el sillón de Rivadavia, no hace otra cosa que oficiar -a la vista de todos- de un simple subordinado de la “Jefa”, lo cual no sería grave en otro contexto. Sí lo es en medio de una crisis como la que atraviesa el Capitalismo en el mundo, especialmente en la Argentina, cuya burguesía necesita una dirigencia firme y un gobierno unificado, que es lo que no existe, haciendo que nuestro país resulte poco atractivo para la llegada de capitales, muy a pesar del ajuste brutal que se viene aplicando.

Con todo esto y con un ascenso obrero que cada día se profundiza más, Alberto Fernández tampoco ha podido implementar todas las medidas que las patronales locales esperaban y con la debilidad actual, es mucho más improbable que lo haga. Es que el principal motor de la crisis es la clase trabajadora, que con sus luchas viene frenando el grueso del paquetazo que exigen los de arriba. Los conflictos obreros, que pegaron un luego de los piquetes del Frigorífico Penta, trituraron la cuarentena dando lugar a una andanada de luchas.

¡Tal es así, que el mismísimo secretario general de la CGT, Daer, se vio obligado a impulsar un plan de lucha en su gremio, la Sanidad, uno de los más golpeados por el confinamiento! Mientras tanto, continúan otras luchas, como la del frigorífico ArreBeef en Ramallo, la de los ferroviarios tercerizados del Roca que piden el pase a planta permanente, un sector de los portuarios de CABA que reclaman su reincorporación o la docencia de varias provincias que paralizan las escuelas en contra de la destrucción de la educación pública.

Frente a este panorama, la burocracia sindical, de conjunto, está tratando de “capear” el temporal, desviando estas peleas parciales para evitar su unificación a través de la cada vez más necesaria Huelga General contra el plan ajuste. Por eso, todos, absolutamente todos los dirigentes traidores pactan o tratan de pactar sueldos a la baja, como el que acaban de firmar los papeleros, los bancarios, los metalúrgicos o el que viene de acordar el Suteba en la Provincia de Buenos Aires.

En este contexto, la tarea del activismo combativo no es otra que la de impulsar, desde las bases, asambleas y reuniones de luchadores para imponerles a las conducciones que luchen o, si estas no lo hacen -como es norma- pasarlas por encima, haciendo efectiva esa vieja consigna del movimiento obrero argentino: “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes…”

La tarea que debe orientar al activismo combativo es ir construyendo la conducción democrática y clasista que se juegue a desplazar a la burocracia sindical y a construir, a partir de las asambleas por sector y las coordinadoras de base, el Argentinazo que dé por tierra con todos los planes anti-obreros del actual gobierno y los partidos patronales que pretenden reemplazarlo para continuar su obra, con otro “relato”.

Esa estrategia debe combinarse con la de dotar a los y las de abajo de una nueva conducción política, que apunte más allá del Capitalismo, impulsando la lucha por una nueva sociedad, de carácter socialista. ¡Hace falta para eso, poner en marcha un gran Partido de Trabajadores y Trabajadoras, que se nutra con lo más granado del activismo que se está poniendo al frente de los conflictos! Desde Convergencia Socialista te convocamos a sumarte a nuestra organización para luchar por estos objetivos.


[i] https://www.lanacion.com.ar/politica/cristina-kirchner-alardea-de-poder-ante-un-gobierno-que-se-hunde-en-el-desanimo-nid28032021/

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