Por Damián Quevedo
El balance del año de gobierno del Frente de Todos, tuvo la tónica misma de la administración Fernández. Cristina continuó con sus bajadas de línea, delimitándose con el actual presidente, de manera de no quedar "pegada" o de no hundirse con un barco que está navegando a la deriva, sin vela y sin timón. En ese contexto, la declaración de Alberto tuvo su sello indiscutible, el de decir entre poco y nada.
En definitiva, lo que realmente pesa es el desgaste de un gobierno que pareciera atravesar su segundo mandato, aunque todavía está transitando su primer año de existencia. Desde el inicio Alberto Fernández buscó una tabla de salvación a la crisis económica, primero a través de Vaca Muerta, después con las granjas bovinas provistas por China y al final con el mega endeudamiento y ajuste pactados con el FMI.
Si bien es cierto que la
política de cuarentena le dio una coyuntural bocanada de oxígeno, todo se derrumbó y terminó cayendo por la fuerza de la crisis y el empuje del movimiento de masas, que en los hechos se negó a acatar la consigna impulsada por la OMS del "quedate en casa". ¡Ahora a lxs de arriba les queda una carta para desmovilizar a lxs de abajo, mediante el mega
operativo vacunas, que no casualmente comenzará en marzo del 2021, justo al comienzo de las paritarias!
En el mismo sentido y con la intención de recuperar cierto consenso social -luego de la represión en Guernica, el ajuste a los jubilados y el terrible papelón del velorio de Maradona- Fernández lanzó la discusión del aborto, con muchas más restricciones que en los debates anteriores y con un acuerdo visible con las iglesias. Sin embargo, esta maniobra tendrá poco efecto a la hora de contar votos, porque no significa ningún cambio significativo en lo que hoy más le preocupa a la clase obrera y el pueblo, que es ese combo conformado por la caída salarias y la falta de trabajo.
Por esa razón, es que existe un acuerdo entre todos los partidos patronales para suspender las PASO. Es que ninguno de ellos está en condiciones de someterse a dos procesos electorales continuos, ya que el desgaste no afecta solo al gobierno nacional, sino que es generalizado. ¡En el fondo es la crisis del régimen, que potenciada con el estancamiento de la economía amenaza con derrumbar las instituciones con las que la burguesía ejerce su actual dominio!
La
grieta que se agrieta
Un
gobierno que se pronunció como el encargado de unir a los argentinos, o, dicho en otras palabras, como el
que iba a terminar con la llamada grieta (que no existe entre los partidos
patronales) culmina su primer año de gestión, con más fracciones y rispideces
de las que encontró al asumir el mandato.
La aparición de la Liga de Gobernadores del Norte -que enfrentó la posición abortista y reclama más fondos para sus provincias- es un dato sustancial a la hora de analizar la gobernabilidad, porque pone en evidencia que no solo no existe un mando político unificado, sino que ya se hace visible una verdadera y preocupante "fragmentación" del poder capitalista, donde cada sector intenta salvarse sin tener en cuenta al resto, poniendo en riesgo al conjunto del sistema.
Esta realidad indica, además, que desde los amigos más íntimos hasta los adversarios más duros, todos y todas reconocen que Alberto Fernández está en los albores de un triste y solitario final y que nadie quiere correr esa suerte, o sea que todos y todas pretende zafar. Increíblemente, quienes no ven esa perspectiva son los partidos del FIT, que tratan de no distanciarse demasiado del gobierno, para no espantar a las clase medias capitalinas que mantienen ciertas expectativas en los Fernández.
En
un marco como el actual y en medio de una situación revolucionaria mundial, que
golpea las puertas de este país, la izquierda debería convocar, con audacia, a luchar para que se
vayan Alberto y todos los sátrapas peronistas y macristas, promoviendo la unificación y centralización de las luchas para que la clase obrera y el pueblo se hagan cargo del poder, que es la única salida a la crisis sin salida del Sistema Capitalista, que se cae a pedazos.
El 20 de diciembre, a las 16 horas en la Plaza de Mayo y otras localidades a lo largo y a lo ancho del país, junto a otras organizaciones de izquierda diremos esto, llamando al activismo obrero, estudiantil, feminista y popular a sumarse a nuestro partido, para impulsar la unidad de los revolucionarios y las revolucionarias que nos permita construir, entre todxs, la conducción política que reclaman las actuales circunstancias.

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