Repudiamos la ejecución del periodista iraní Ruhollah Zam y el intento de extradición de Nesibe Semsai

 

Por Musa Ardem 

Las autoridades teocráticas de Irán anunciaron que hoy por la mañana ejecutaron al periodista opositor Ruhollah Zam, quien fue condenado a morir ahorcado luego de ser procesado por “corrupción en la tierra”, cargo con el que suelen acusar a personas que enfrentan o cuestionan al régimen. 

Según indicó la agencia oficial IRNA, a través de su sitio de internet: El contrarrevolucionario Zam fue colgado en la mañana tras la confirmación de su sentencia por la Corte Suprema debido a la severidad de los crímenes, perpetrados contra la República Islámica. Zam también fue acusado de ser parte en la destrucción de propiedades e interferir en el sistema económico del país…

Zam fue capturado en 2019 por los Guardianes de la Revolución, luego de estar exilado en Francia. Su detención había sido anunciada en octubre de 2019, aunque Irán no especificó el lugar ni la fecha de los hechos, acusando al opositor de estar dirigido por la inteligencia francesa y apoyado por los servicios secretos de Estados Unidos e Israel. (Al Jazeera, 12 de diciembre) 

Zam dirigía un canal denominado Adamnews, a través de la plataforma de mensajes Telegram, desde donde incentivó las protestas del invierno de 2017-2018, que fueron las más importantes en Irán luego de las que explotaron durante el año 2009, conocidas como Movimiento Verde. Sus publicaciones en Amadnews llegaron a tener más de un millón de seguidores.  

La agencia independiente “Reporteros sin fronteras” denunció al juicio contra Zam como “groseramente injusto” (Al Jazeera, 12 de diciembre) Desde Convergencia Socialista nos sumamos al repudio de este nuevo crimen cometido por la dictadura teocrática de Irán, como así también al intento de extradición -por parte del gobierno tuco- de la activista feminista Nesibe Semsai.

Nesibe (ver imagen) es una joven iraní que fue condenada por protestar contra la obligación de cubrirse el rostro con el velo o hijab. En Irán las cárceles están pobladas por mujeres y hombres que enfrentan la dictadura, defendiendo sus libertades elementales, muchxs de estxs pertenecen a la etnia kurda y suelen ser colgadxs bajo el cargo de “enemigos de dios”.

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