Por Damián Quevedo
El escándalo del diputado del PJ salteño, que parece pasar como una fantochada más de los “representantes del pueblo”, no es tan grave por el hecho en sí, condenable por supuesto, sino por lo que expresa y por las circunstancias que rodearon ese desagradable incidente. En se sentido, fue más grave y sintomática, la defensa corporativa que hizo Sergio Massa, al pedirle la renuncia, simplemente porque al renunciar y no ser echado. Por eso, el barrabrava salteño conservará los privilegios propios de la casta que vive del Estado, como por ejemplo su jubilación. (Leer todo)
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