Por Claudio Colombo
El diputado salteño Ameri apareció en las
pantallas gigantes del recinto protagonizando una escena íntima con su pareja y
desató la indignación del presidente de la Cámara, Sergio Massa, que tras un
intercambio de opiniones con las autoridades del bloque del Frente de Todos -y
hasta con el propio presidente Alberto Fernández-, interrumpió la sesión para
denunciar el hecho y poner el marcha el procedimiento para sancionar al
legislador. (Página
12, 25 de setiembre)
¡Hipócritas! Alberto, Cristina, Massa y compañía decidieron separar a este
personaje por haberle besado una teta a su pareja, luego de que hicieran la
vista gorda frente a denuncias presentadas tiempo atrás contra el mismo Ameri,
acusándolo de acosar a varios menores de edad, quienes se cansaron de explicar que esa
conducta, que era ampliamente conocida dentro del PJ salteño, siempre fue amparada y
protegida por sus dirigentes.
Ahora,
debido al escándalo público, la conducción pejotista tuvo que tomar la decisión de separar al diputado, presionándolo para que
renuncie, de manera de cubrirse frente al movimiento de masas, que ha perdido
la confianza en la cámara de diputados y demás instituciones “republicanas”,
viéndolas como lo que realmente son: cuevas de bandidos, cuya única
preocupación es enriquecerse realizando negociados y proteger los intereses de
las grandes patronales.
El affaire
en cuestión expresa, patéticamente, la decadencia terminal de un régimen cuyas instituciones se caen a pedazos en el marco de la crisis sin salida del Sistema Capitalista Mundial, que para apaciguar a los trabajadores
y los pueblos de todo el mundo se vale del recurso, defensivo, de las
cuarentenas o “aislamiento social”, que también está en pleno retroceso, debido
a las grandes movilizaciones que han comenzado a desarrollarse por doquier.
Los
peronistas, acostumbrados a “mamar de la
teta del estado”, que se escandalizan por la conducta de uno de sus pares, constituyen la expresión más bizarra y decadente de la debacle institucional que abarca al conjunto de esta “democracia burguesa”, cada vez más incapaz de cumplir su papel, que no
es otro que el de garantizar las ganancias de las grandes empresas, que a través de subsidios y otras trapisondas, conocen bien lo que significa prenderse a esa teta, que cada vez da menos leche.
A esta gente, que hoy por hoy gobierna el país, y a sus “opositores” patronales y burocráticos, hay que echarlos a patadas mediante un nuevo Argentinazo que ponga al frente al único sector capaz de darle una salida progresiva al conjunto de la población que sufre el ajuste de lxs de arriba: la clase obrera, apoyada en sus asambleas de base y demás órganos de decisión democráticos.

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