Por Je Constantino
El Tango no es únicamente parte de nuestra historia y de nuestra cultura, sino que trascendió las fronteras para ser parte de las culturas del mundo. Comenzó a ser, sin lugar a dudas, parte de la historia cultural de la humanidad, cuando allá a finales del siglo XIX se produjo la magia de una mezcla: la cultura del inmigrante con los gauchos de La Pampa y el candombe africano, entre algunos de sus componentes más importantes. Su nivel orquestal, sus cantores y sus poetas hicieron del género un arte sin precedentes y de evolución imparable.
El Tango no es únicamente parte de nuestra historia y de nuestra cultura, sino que trascendió las fronteras para ser parte de las culturas del mundo. Comenzó a ser, sin lugar a dudas, parte de la historia cultural de la humanidad, cuando allá a finales del siglo XIX se produjo la magia de una mezcla: la cultura del inmigrante con los gauchos de La Pampa y el candombe africano, entre algunos de sus componentes más importantes. Su nivel orquestal, sus cantores y sus poetas hicieron del género un arte sin precedentes y de evolución imparable.
Empezó siendo una música y un baile marginal, nacido en los suburbios de la ciudad de Buenos Aires, de tinte pobre, entre lxs olvidadxs, explotadxs y desprotegidxs; adoptado por el arrabal, los conventillos y los prostíbulos, rechazado a su vez por las familias adineradas que lo miraban con ojos discriminatorios. (Leer todo)

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