Por Damián Quevedo
En su discurso de inauguración de sesiones en el Congreso de la Nación, el presidente Fernández hizo eje en tres temas. Uno de ellos, la reforma del Poder Judicial, que como está planteada desde el gobierno, se presenta como una separación de la justicia y lo que llaman el Poder Político. Hasta ahí podría parecer una medida tendiente a hacer “más limpio” el juego de la democracia representativa, mediante una más clara división del poderes, que en la sociedad actual se presenta como garantía del funcionamiento institucional. Sin embargo, la mancha aparece cuando este proyecto de reforma viene acompañado de cierres de causas por corrupción y la puesta en libertad de ex funcionarios kirchneristas, como Julio De Vido, quien además de estar vinculado a casos de desfalco al Estado es el responsable directo de la masacre de Once... (Leer todo)
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