Por Nicolás Riu
Aumentar la
competitividad, la explotación obrera y sus ganancias es el pedido de las
patronales de nuestro país, que miran a la reforma laboral Brasileña como un
ejemplo a seguir en estas tierras. Es que a
pesar de su gran debilidad y de la enorme crisis brasilera, Temer no hace otra
cosa que aprovechar el tiempo que le queda al mando del ejecutivo para responder
a las demandas de los monopolios, que le escribieron el proyecto de destrucción
de las 8 horas y demás conquistas que se terminó votando en el parlamente. Más allá de
que este engendro no tendrá aplicación inmediata, porque deberá ser impuesto en
cada gremio, las medidas resueltas plantean – entre otras “perlitas” – una perspectiva
tremenda para la clase obrera del vecino país, con un avance de la
tercerización, las negociaciones individuales, la jornada de 12 horas y la
fragmentación del período vacacional. Macri y su
gabinete, que aplaudieron a rabiar la Reforma Laboral “brazuca”, ya están
pergeñando la manera de materializarla aquí, continuando el camino que les
abrieron los burócratas sindicales petroleros en Vaca Muerta y los del SMATA en
las automotrices. (Leer todo)

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