Por Nicolás Riu
Más de 400 movilizaciones tuvieron lugar en decenas de
ciudades, protagonizadas por miles de trabajadores científicos que ganaron las
calles repudiando el ajuste de Trump en sus respectivas áreas, como medio
ambiente. La jornada, que adoptó el nombre de “Marcha por la Ciencia”,
coincidió con el Día de la Tierra, que dio lugar a acciones en más de 500
ciudades de todo el mundo. Estas marchas son “históricas”, ya que los científicos solían
ubicarse como un sector “neutral”. Sin embargo, las amenazas de recortar los
presupuestos, la puesta en marcha de agencias ambientales lideradas por
políticos inexpertos y el desprecio generalizado hacia la ciencia – salvo la
que está relacionada a la carrera armamentística o al aumento de la
productividad obrera – empujaron a miles a luchar por sus derechos. La marcha principal, en Washington, se desarrolló rodeada de
fuertes medidas de seguridad, a tal punto que para llegar al lugar en donde se
realizó el acto central de la protesta los manifestantes tuvieron que pasar por
controles similares a los de los aeropuertos, donde los guardias se aseguraron
de que nadie llevara globos o palos, objetos que fueron prohibidos por las
autoridades al mejor estilo del nazi fascismo. En ese contexto, decenas de voluntarios ofrecían pancartas
con el lema oficial de la marcha: “Science, not Silence” (“Ciencia, no silencio”).
Mientras tanto, desde el escenario se agitaba que “La ciencia es objetiva, aunque
en este momento podemos mantenernos neutrales”. (Leer todo)

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