Por Nico Kobane
Hace días una imagen me visita, es un recuerdo recurrente,
sin duda uno de los más presentes de mi infancia. Uno de esos momentos que
determinan un quiebre o bisagra y que sin saberlo nos trazan gran parte del
camino. Tengo 8 años y vivo con mis abuelos, en aquella época mi
abuelo había sido despedido de una de las pocas fábricas importantes de Rio
Negro que luego decretaría quiebra dejando a todos sus trabajadores en la
calle, entonces emprendió la ruta de la fruta para convertirse en un obrero
rural. Son los años prósperos para los Gasparri quienes han montado
un verdadero monopolio fruti hortícola en la Patagonia controlando gran parte
de un mercado que hoy es casi inexistente. El trabajo es duro y de sol a sol. Mi abuelo pasa largos
meses ausentándose de casa debido a la lejanía de la zona de trabajo, algo que
en tiempos de temporada de cosecha tiende a extenderse producto del aumento de
las horas de trabajo. Es una tarde de Febrero con mis tíos y mi abuela emprendemos
viaje en un viejo auto rumbo a El Chañar en Neuquén, nos adentramos en lo
profundo poseemos datos difusos sobre el paradero del lugar de trabajo de mi
abuelo, el mismo en el que vive. (Leer todo)

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