Por Nico Kobane
Hace solo algunos días y a poco de cumplirse un nuevo
aniversario del Argentinazo, la ministra de “seguridad” Patricia Bullrich,
declaraba a los medios que se “avizora un diciembre re tranquilo”. Macri y compañía pensaban esto porque venían de consensuar algunos
retoques al impuesto reaccionario a las “ganancias” obreras, en una tarea
conjunta con la burocracia sindical y el resto de la oposición patronal.
También se acordó la “paz social” con el movimiento piquetero ligado a la
Iglesia. En ese marco, nada podía salir mal con “el mejor equipo de
los últimos 50 años”, según palabras del presidente que viajó tranquilo a Villa
La Angostura para brindar entre las montañas y los lagos patagónicos,
recuperarse física y mentalmente y prepararse para un nuevo año, lleno de
“triunfos” políticos. Sin embargo, la realidad, que es mucho más rica y cruda que
los pronósticos del gabinete de Cambiemos y todos sus asesores juntos, explotó
para otro lado con tres acontecimientos que sacudieron las vacaciones de Macri
y su familia y, objetivamente, muestran una dinámica muy diferente a la que
prevén los funcionarios del gobierno. (Leer todo)
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