Por Norma y Tamara
Hoy recorre el mundo la noticia de que el Papa Francisco,
por medio de la carta Misericordia et Misera -Misericordia y Paz- , extendió la
facultad que le había dado a los curas para perdonar el “pecado” del aborto, al
concluir el “Año Santo de la Misericordia”. Bergoglio dijo al respecto: “Para que ningún obstáculo se
interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en
adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad
de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto”. Esta decisión no es casualidad, ya que el adoctrinamiento extremadamente
“ortodoxo” de la institución que preside el Papa argentino, les ha significado
la pérdida de muchos/as adeptos/as, razón por la cual necesitan un cierto
reacomodo de sus normas y leyes, de manera de maquillar sus prácticas
reaccionarias. Por todo esto, desde que asumió la conducción del Vaticano, Francisco
avanzó en ese sentido, planteando una línea de acercamiento hacia los
homosexuales -“el catecismo dice que no deben ser discriminados, deben ser
respetados, acompañados pastoralmente”- y los/as divorciados/as que vuelven a
casarse, tratándolos como gente que aún “forman parte de la iglesia”. Bergoglio no es, para nada, un papa revolucionario sino el
conductor de la Iglesia, que para continuar jugando el papel
contrarrevolucionario que tuvo durante cientos de años, necesita recauchutarse,
que es la única forma que tiene de afrontar su propia crisis institucional y
las luchas de los oprimidos, particularmente de las mujeres, que están a la
vanguardia de las mismas. (Leer todo)

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