AztraZeneca sacó de circulación su vacuna ¿No será el momento de investigar el carácter y las consecuencias de estas terapias génicas?
Por Hernán Centeno
Imposible olvidar todo lo que pasó durante el encierro generalizado del 2020, donde, además, pretendieron “vacunarnos” con productos experimentales, que en ese momento fueron denunciados por una cantidad muy grande de científicos de renombre, como el biólogo molecular Juan Garberi, el epidemiólogo Mario Borini o la inmunóloga Roxana Bruno.
Cuando esto sucedió, quienes dudamos de las “ventajas” de esta política -apoyada por oficialistas, opositores y la mayor parte de la izquierda- decidimos investigar y tomar contacto con otras voces críticas. De esa manera, llegamos a la conclusión de que el riesgo de contraer Covid -y sufrir sus consecuencias- era menor del que podían llegar a producir esas “vacunas”, que ni siquiera evitan el contagio.
En ese contexto, cuando manifesté públicamente esta postura, fui atacado e insultado en las redes y las asambleas de SUTEBA, donde me acusaron de “terraplanista”, “negador de la ciencia”, e incluso “asesino”. Era la época en que Alberto tocaba el cielo con las manos, porque había logrado su mayor popularidad.
El mismo período en el cual, el ex presidente, con la complicidad de Kicillof, impuso varios ítems de la reforma educativa, como la virtualidad y los contenidos “prioritarios”.
De esa manera, estos personajes le abrieron el camino al desastre educativo que hoy estamos viviendo. ¡Por todo esto, desde nuestra organización dijimos, que, teniendo en cuenta todos los cuidados del caso, no podíamos abandonar la calle y las medidas de lucha, que es lo que pretendían desde el gobierno con una gran campaña de miedo -"quedate en casa"- para "protegernos" del mortífero “enemigo invisible”!
Pasado el tiempo, muchos colegas se acercaron para confesarme que tampoco se habían vacunado y que no lo habían dicho por temor a las represalias. Cuando comenzaron a aparecer muchos casos de “daños colaterales” de estas terapias experimentales -los más impactantes fueron las muertes “súbitas” por infartos- otros compañeros y compañeras, vacunados o no, terminaron dándole razón a mis dudas y precauciones.
Estas se convirtieron en certezas cuando tomé conocimiento de que la multinacional AstraZeneca se vio obligada a retirar sus vacunas, debido a los efectos adversos y a los cientos de juicios multimillonarios que está afrontando por esa cuestión. Esta compañía, Pfizer y otros monopolios de la industria “medicinal”, son los verdaderos dueños de la Organización Mundial de la Salud, que obliga a los gobiernos a comprar sus productos.
Llegó el momento de investigar en serio todo esto, para lo cual se tendrían que conformar comisiones de víctimas de la vacunación forzada, junto a científicos independientes de los laboratorios y las grandes clínicas. Si se comprueban las denuncias, los responsables de ganar fortunas con la venta de estas terapias experimentales, deberían ir a la cárcel con condenas ejemplificadoras.
Para beneficiar realmente al pueblo, la industrial medicinal tendría que estar controlada por sus trabajadores, asesorados por científicos independientes, para determinar qué corresponde producir e investigar. Sin embargo, para que la mayoría de la población goce de una buena salud, física y psicológica, debe alimentarse bien y habitar, trabajar, educarse y divertirse en ambientes sanos, algo que el capitalismo ya no está en condiciones de garantizar.

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