Para enfrentar en serio la agresión yanqui en Venezuela, hay que pelear por la recuperación de las libertades democráticas


Por Damián Quevedo

Contra las expectativas de la oposición de derecha y de gran parte del pueblo oprimido, la agresión militar yanqui y la detención de Maduro no significaron la caída de la dictadura chavista, sino la legitimación de esta por parte de la administración Trump.

Las señales de una nueva era de cooperación entre Estados Unidos y el régimen chavista tras la captura de Nicolás Maduro empiezan a ser cada vez más nítidas. Mientras Donald Trump busca acelerar con las empresas norteamericanas en su ambicioso plan para explotar el petróleo venezolano y desechó su amenaza de una segunda ola de ataques, este viernes ambas administraciones abrieron las puertas a un proceso para reanudar las relaciones diplomáticas, suspendidas desde 2019. (La Nación 09/01/2026).

Como señalamos en notas anteriores, Trump necesita mantener el orden en Venezuela para que las empresas yanquis puedan expoliar sus recusos y súper esplotar a sus trabajadores. Este intento de recolonizacion brutal del imperialismo estadounidense es la consecuencia de su debilitamiento frente a China, que ha ganado buena parte del mercado mundial y latinoamericano, gracias a la pujanza de su economía.

Para competirle, Estados Unidos, se ve obligado a recurrir a la herramienta más poderosa que aún posee, su extraodinaria capacidad militar. China, pronto, hará lo mismo, porque la guerra no es el resultado de la intención “guerrerista” de los que la provocan, sino la consecuencia concreta de una realidad en la que no hay mercados para complacer los intereses de todos los imperialistas.  

El problema para EEUU, es que encara esta perspectiva con un frente interno crítico, ya que la mayoría de su población, no solo está en contra de las agresiones militares de su ejército, sino que, además, cuestiona la política económica y social de Trump. Esto se está expresando en las enormes y combativas movilizaciones repudiando el crimen de una ciudadana estadounidense en Minneapolis, en el marco de una redada de la policía migratoria.  

La burguesía está tomando nota de esta situación, razón por la cual la mayoría del Senado, con el aporte de cinco legisladores republicanos, acaba de ponerle un freno a la línea guerrerista de Trump, dictaminando, que, de aquí en más, no podrá volver a atacar Venezuela sin el consentimiento parlamentario. Más allá de que el presidente cumpla o no este requisito, la votación contraria a sus deseos, lo condiciona y debilita.

El apoyo de Trump a la dictadura chavista, debe hacer reflexionar a la izquierda y a todos los sectores que repudian la ofensiva imperialista de Estados Unidos. En ese sentido, no se puede agitar consignas contra los ataques y la recolonización, sin ligarlas a una cuestión fundamental: la necesidad de que el pueblo de Venezuela recupere las libertades que pisotearon Maduro y sus secuaces.  

Esto ayudará a que la mayoría de los venezolanos y las venezolanas que ven con simpatía a las incursiones yanquis contra la dictadura, saquen la conclusión de que Trump y el chavismo no son antagónicos, sino muy parecidos, ya que ambos defienden los intereses de los grandes monopolios, no sólo yanquis, sino también chinos, rusos, europeos, etc. Y que, para ir a fondo contra el chavismo, será necesario enfrentar al imperialismo, en todas sus variantes.

El anti imperialismo que no denuncia la represión y la ausencia de libertades democráticas, que no reclama la libertad de todos los presos políticos y la prohibición de las movilizaciones de masas en Venezuela, termina siendo una política equivocada, porque, en definitiva sirve para fortalecer a la dictadura, que, hoy por hoy, está trabajando para el imperialismo yanqui, como ayer lo hizo para los imperialistas chinos y rusos.  

Esta concepción etapista, que propugna sacarse de encima al imperialismo primero para, en el futuro, luchar contra la dictadura, le hubiera propuesto al Movimiento 26 de Julio cubano, a unirse con Batista contra los yanquis.

La dictadura en Venezuela es la garantía de la política neocolonial de Trump y un anti imperialismo real, no puede dejar de llamar a movilizar para derrotar al régimen chavista y junto con el a romper con el imperialismo yanqui y con todas las potencias, porque también es una canallada sostener que Rusia o China, son una mejor opción para nuestros pueblos.

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