Trump echó a Zelenzky de la Casa Blanca, para avanzar en su acuerdo con Putin y descuartizar Ucrania


Por Juan Giglio

El culebrón protagonizado por Trump y Zelenzky en el Salón Oval de la Casa Blanca -se pelearon en público, con acusaciones mutuas- es una expresión bizarra de la situación crítica que cruza al conjunto del sistema capitalista mundial, especialmente a quien fuera, hasta hace muy poco, su líder indiscutible, Estados Unidos.

Los yanquis continúan retrocediendo y perdiendo la posición hegemónica que habían conquistado luego de la segunda guerra, debido a su propia crisis -económica, política y social- y al avance de su principal enemigo, el imperialismo chino, que, de una u otra manera, está detrás de la invasión a Ucrania, que hizo saltar por los aires la vieja OTAN.

En ese marco, Trump decidió retroceder, de manera de concentrar fuerzas en la lucha contra la potencia asiática, para lo cual tratará de negociar con Rusia. Más allá del resultado de esta negociación, lo que también es cierto, es que Estados Unidos aprovechó la situación para soltarle la mano y debilitar a otro de sus competidores comerciales, el imperialismo europeo.

La lucha entre potencias entró en una nueva fase, mucho más virulenta, con dos protagonistas fundamentales -Estados Unidos y China- y algunos actores de reparto, como Rusia, los países europeos, Japón o Australia, cuyos dirigentes debaten la posibilidad de sumarse a alguno de los dos bandos en pugna o de constituir un polo “alternativo”, como el que proponen ciertos líderes políticos de Alemania y Francia.

Esta realidad, como otras que tuvieron lugar a lo largo de la historia del capitalismo, empujará al movimiento obrero a pelear, porque, con uno u otro amo, los y las de abajo se darán cuenta de que no les queda otra que luchar, en un contexto, que en los hechos los favorece, porque los de arriba, lejos de estar unidos, están cada vez más divididos y en crisis.

Las fuerzas revolucionarias deben advertir esta perspectiva, para jugarse a construir el estado mayor de la revolución socialista, que, mediante la unidad de la militancia más consecuente, se juegue a liderar las próximas rebeliones.

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